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Bienvenido al blog. Este es el diario personal de Jorge Cocompech. Encontrarás artículos relacionados a Filosofía, reseñas tecnológicas, sobre algunos discos que escucho a lo largo del día, audios hechos podcast, y algún tip para TXP

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Introducción: La Fauna de la Inconformidad

Estamos viviendo un momento histórico donde la “creatividad” ha pasado de ser un don divino o un esfuerzo de décadas a ser una línea de comando en un chat. Esto ha generado un cortocircuito en la psique colectiva. Por un lado, tenemos la democratización radical de la producción; por otro, el berrinche de una élite que ve cómo su muro de contención —la exclusividad de la técnica— se desmorona.

Hablamos de los “veganos de París” como una metonimia. No es un ataque a su dieta, sino a su ontología de aparador: gente que consume “lo natural” y “lo artesanal” como un fetiche de clase, mientras su existencia entera está mediada por la tecnología que juran despreciar. Son los mismos que se horrorizan ante un prompt pero compran pan de masa madre producido por una máquina que simula el error humano para que parezca “auténtico”. Hipocresía pura.

La inconformidad actual no es estética, es política. Lo que les duele a los puristas no es la “falta de alma” de la Inteligencia Artificial (IA), sino la pérdida del monopolio sobre el hacer. Durante siglos, el artista fue un guardián de la técnica; hoy, la técnica se ha vuelto líquida y accesible. El “tío” que desprecia la electrónica por ser “solo picarle a la compu” y el académico que desprecia la IA por ser “solo azar” comparten la misma enfermedad: el miedo a que el ser humano sea prescindible. Pero se equivocan. El ser humano nunca es más necesario que cuando la herramienta es perfecta, porque es entonces cuando la única diferencia es la intención.


I. La Ontología de la Techné: El Puente entre la Nada y el Ser

Para entender por qué la IA no es el fin del arte, sino su nueva frontera, debemos regresar a los griegos. No por pedantería, sino por supervivencia intelectual.

1.1.Episteme vs. Techné: El fantasma en la máquina

En la Grecia clásica, la división que hoy nos quita el sueño —esa que separa al “artista iluminado” del “técnico picateclas”— simplemente no existía. Para un griego, tanto el que tallaba el mármol del Partenón como el que construía un barco de guerra compartían la techné. Sin embargo, para que esa técnica no fuera un simple acto mecánico de repetición, debía estar fecundada por la episteme.

  • La Techné (El Saber Hacer): Es un conocimiento pragmático orientado a la poíesis (la creación). Es la habilidad de transmutar el caos en orden. La techné es el “cómo”. En el contexto actual, la IA es la techné definitiva: un repositorio de todos los procedimientos posibles acumulados por la humanidad. Es el pincel que se pinta solo, el cincel que conoce todas las vetas del mármol. Pero, ojo, la techné por sí misma es ciega; es un proceso de optimización sin destino.
  • Episteme(El Saber Por Qué): Es el conocimiento intelectual, la comprensión de los principios universales y la verdad. Mientras la techné se ocupa del resultado, la episteme se ocupa del sentido. Es la que nos dice que no estamos pintando una "silla", sino que estamos explorando la idea de la espera, del descanso o de la jerarquía.

El arte “es arte” porque es una techné que decide, deliberadamente, no agotarse en la utilidad. Aquí es donde los “veganos de París” se pierden: ellos creen que el valor está en el esfuerzo físico de tallar la madera (técnica manual), cuando el valor real reside en la episteme que decidió qué tallar y por qué eso es relevante para el espíritu humano.

Una silla te sirve para sentarte; eso es técnica útil, funcionalismo puro. Una escultura de una silla (o una imagen generada por IA de una silla hecha de luz y sombras imposibles) te sirve para cuestionar el acto de habitar el espacio. La IA es pura techné en su estado más criogénico: es el procedimiento destilado, el algoritmo que conoce todas las reglas de la estética pero no tiene una sola razón para aplicarlas.

Sin la episteme del autor —ese “saber por qué” que nace de tu historia, tus traumas y tu filosofía—, la IA es solo ruido algorítmico. El artista no es el que domina el software (eso es ser un operador), el artista es quien inyecta episteme en la techné digital para obligar a la máquina a desvelar una verdad que no estaba en sus datos de entrenamiento.

1.2. El Proceso de Desocultamiento (Heidegger) y la Trampa del Encuadre

Para Martin Heidegger, la técnica no es una herramienta neutral; es una forma de ver el mundo. En su obra La pregunta por la técnica, nos advierte que la esencia de la técnica no tiene nada de “técnico”, sino que es un modo de verdad. La técnica “desoculta” o revela lo que está latente en la naturaleza.
  • El Desocultamiento Poético: Antiguamente, el artesano participaba en un acto de co-creación con la materia. El escultor no “imponía” su voluntad a la piedra, sino que ayudaba a la figura a “salir” del mármol. Había un respeto por la physis (la naturaleza). Era un proceso lento, una danza entre el humano y el material.
  • El Encuadre (Gestell): Este es el núcleo del problema moderno. La técnica contemporánea ya no desoculta poéticamente, sino que "encuadra". Para el Gestell, el mundo no es algo sagrado, sino un "fondo de reserva" (Bestand). Un bosque ya no es un ecosistema, es una reserva de madera; un río no es un cauce de agua, es una fuente de energía hidroeléctrica; y hoy, tu creatividad no es un don, es un conjunto de datos para entrenar modelos.
El berrinche de los “veganos de París” nace de que ellos también están atrapados en el Gestell. Al fetichizar “lo hecho a mano”, están convirtiendo la artesanía en otro producto de reserva, en una etiqueta de estatus. No buscan el desocultamiento poético, buscan la exclusividad del mercado. Cocompech en modo odioso

La IA es el Gestell llevado a su máxima expresión: todo el arte humano de los últimos 4,000 años ha sido convertido en “fondo de reserva” para alimentar una red neuronal. Pero aquí es donde entra la Insurrección de la Techné:

El artista soberano es aquel que, consciente de que está dentro de la Matrix (el Encuadre), utiliza la IA no para generar “más de lo mismo” (eficiencia), sino para provocar un quiebre en el sistema. Si usas la IA para producir imágenes rápidas y baratas, eres un funcionario del Gestell. Pero si usas la IA para forzar a la máquina a mostrar algo que el algoritmo intentaba ocultar —una falla, una belleza no convencional, una verdad incómoda—, estás regresando al desocultamiento poético. Estás usando la técnica para romper el encuadre.

Techné y el Despertar (Heidegger + The Matrix)

Esto es The Matrix (1999) en estado puro. La Matrix es el extremo del Gestell: los seres humanos ya no son personas, son simples pilas para alimentar el sistema.
  • La referencia: El mundo que conocemos es una simulación técnica perfecta que oculta la verdad.
  • El punto pop: El arte es la pastilla roja. Es el momento en que Neo empieza a ver el código (la técnica) no como una prisión, sino como un lenguaje que puede manipular para saltar edificios. El artista de hoy es el que mira el algoritmo de la IA y, en lugar de obedecerlo, lo hackea para que revele una verdad que el programador original no previó.

II. El Snobismo de París: La Estética como Barrera de Clase

El snobismo actual no es una defensa del arte; es una forma de resistencia reaccionaria. Es el intento desesperado de las élites por mantener el “aura” de la obra —esa autenticidad ligada al aquí y ahora de la que hablaba Walter Benjamin— a través del precio y la exclusividad. El snob odia la IA porque la IA es, en esencia, la liberación de la técnica. Si la belleza se puede democratizar y producir a gran escala, el snob pierde su pedestal de “curador de lo imposible”.

2.1. El fetiche de la “mano humana”: La economía del sufrimiento

El snob desprecia la IA con una frase de cajón: “Es que no tiene alma”. Pero, hagamos una autopsia a esa afirmación: ¿Qué es el “alma” para un snob de galería? Generalmente, es el rastro de un sufrimiento, un sacrificio o un tiempo de vida ajeno que él puede comprar para colgarlo en su sala.

Valorar una obra solo porque “tomó seis meses pintarla” no es una valoración estética, es una valoración económica disfrazada de sensibilidad. Es el fetichismo de la mercancía de Marx llevado al lienzo: adoran el sudor del artista no por el trazo en sí, sino porque ese trazo confirma su estatus de compradores de mano de obra de lujo. Para ellos, el arte es un certificado de escasez artificial. Si la IA puede generar una imagen visualmente superior en diez segundos, el snob se queda sin el fetiche del “tiempo muerto” del artista, y eso es lo que realmente le aterra.

2.2. Spinoza y la Potencia de Actuar: La alegría contra el odio social

Spinoza define la alegría como el paso de una menor perfección a una mayor. Aquí es donde se divide el campo de batalla:

  • El Artista (Activo): Usa la técnica (techné) para expandir su Conatus (su potencia de ser). Su creación es una explosión de energía que busca afectar a otros cuerpos y mentes. No importa si usa un pincel de pelo de marta o una tarjeta gráfica NVIDIA; la herramienta es una prótesis de su voluntad. Si la IA aumenta su capacidad de afectar al mundo, su potencia crece. El artista celebra la herramienta porque celebra la expansión de lo posible.
  • El Snob (Reactivo:): Su potencia es puramente reactiva. No se define por lo que crea, sino por lo que excluye. Solo se siente "superior" en la medida en que puede señalar a otros y decir: "Esto no es arte". Su "buen gusto" no es una búsqueda de la belleza, es una herramienta de odio social y distinción de clase. Para el snob, la IA es el enemigo porque rompe las barreras de entrada a su club privado.

El Snobismo y la Estética del Vacío (Spinoza + The Menu)

Si quieres ver a los “veganos de París” llevados al extremo del absurdo, tienes que ver The Menu (2022).

La referencia: El personaje de Tyler (Nicholas Hoult) es el snob definitivo. Es el tipo que puede darte una conferencia sobre la temperatura exacta de una emulsión y los ingredientes más exóticos del planeta, pero es incapaz de cocinar un huevo sin hacer un desastre. Tyler tiene la episteme (el conocimiento teórico para presumir en cenas), pero carece totalmente de la techné (el saber hacer) y, lo más importante, de la pasión creadora. Es un consumidor de estatus, no un creador de realidades.
  • El punto pop: La película nos muestra que el snobismo consume la vida hasta dejarla seca y estéril. El chef Slowik, harto de cocinar para gente que no "come" sino que "analiza", encuentra su redención en la protagonista, quien rechaza la pretensión y pide una simple cheeseburger.
  • La “carnita” del asunto: Esa cheeseburger es Spinoza en un plato: es algo que aumenta tu potencia de alegría real, sin filtros intelectuales, frente a la “experiencia gastronómica” vacía que solo busca la foto para Instagram. El arte con IA debe aspirar a ser esa cheeseburger: directo, potente, honesto y capaz de alimentar al espíritu, no al ego de la élite. La IA es nuestra oportunidad de dejar de cocinar para los “Tylers” del mundo y empezar a crear para los que realmente tienen hambre de belleza.


    III. Marx y la IA: ¿Liberación o Alienación?

    No podemos hablar de técnica sin hablar de quién es el dueño de los cables. El debate sobre la IA suele perderse en discusiones morales baratas sobre si la máquina “piensa”, cuando la pregunta real es: ¿Quién se queda con la plusvalía de ese pensamiento?

    3.1. El Trabajo Muerto contra el Trabajo Vivo: La vampirización del talento

    Karl Marx explicaba que el capital es “trabajo muerto” que, como un vampiro, solo vive chupando trabajo vivo. En el contexto de la IA, esta metáfora se vuelve literal.

    • El Trabajo Muerto:: Son los billones de horas de dibujos, textos, códigos y fotografías que la humanidad ha producido durante siglos. Todo eso ha sido digerido, etiquetado y convertido en un modelo algorítmico. La IA es la cristalización del esfuerzo humano pasado.
    • La Alienación: El peligro no es que la máquina sea "inteligente", sino que el artista ya no se reconozca en su obra. Si las empresas usan la IA para reemplazar al creador utilizando los propios datos que ese creador generó, estamos ante la forma de explotación definitiva: el artista está siendo destruido por el fantasma de su propio trabajo anterior.

    Lo “filoso” del asunto: La liberación técnica ocurre cuando el artista soberano utiliza ese “trabajo muerto” (la IA) como un catalizador para potenciar su Trabajo Vivo. Si la IA te quita la tarea mecánica para que tú te enfoques en la visión estratégica y la intención poética, hay una emancipación del tiempo. Pero si dejas que la IA dicte el resultado final solo por velocidad, te has alienado: te has convertido en un funcionario del algoritmo, en un apéndice de la máquina.

    Tabla 1: Tabla Comparativa de la Producción de Valor
    Actor Visión de la Técnica Relación con el Valor
    Artista Soberano. Prótesis de la voluntad. El valor reside en la ruptura del cliché y la soberanía estética.
    Mercado / Capital Herramienta de optimización. El valor reside en la velocidad de rotación y la reducción de costos.
    Snob de París Barrera de exclusión. El valor reside en la escasez artificial y el fetiche del “esfuerzo”.

    Marx, la IA y el Robo del Alma (Blade Runner + Metrópolis)

    Marx hablaba de la alienación y de cómo el trabajador no se reconoce en su obra.

    • La referencia: Los Replicantes son la personificación del trabajo muerto. Son seres creados mediante ingeniería técnica perfecta, pero son propiedad de una corporación (Tyrell Corp). Sus recuerdos no les pertenecen; son implantes, “fotos” de una vida que nunca vivieron. Son el esclavo perfecto porque su propia identidad es una mercancía técnica.
    • El punto pop: El poema de Roy Batty, "Tears in Rain", es el momento culminante de la insurrección marxista y existencial. En sus últimos segundos, Batty decide que sus recuerdos —aunque implantados o vividos bajo diseño— le pertenecen a él y a nadie más. Al salvar a Deckard y elegir cómo morir, el "producto" se convierte en Sujeto.

    La IA es nuestra memoria implantada. El sistema nos da herramientas que contienen la historia de todo el arte humano. La pregunta es: ¿Vas a dejar que la corporación sea la dueña de lo que generas con esos “recuerdos”, o vas a hacer como Batty y reclamar esa técnica para un acto de soberanía poética que nadie pueda comprar?


    IV. Deleuze y la Máquina de Guerra Creativa

    Gilles Deleuze nos invita a dejar de pensar en “sujetos” (el artista como genio aislado) y empezar a pensar en ensamblajes. El artista moderno no es el que sostiene el pincel con la mano temblorosa de inspiración divina; el artista es el punto de conexión de una red de fuerzas: software, datos, historia del arte, hardware y deseo.

    4.1. Desterritorialización

    La IA rompe las fronteras de lo que significa “tener talento”. Esto aterroriza a las instituciones —los “aparatos de captura”— porque ya no pueden controlar quién tiene permiso de ser artista. La IA le quita la tierra al arte para lanzarlo al espacio de lo puramente conceptual. Ya no importa si tu mano tiembla; importa si tu mente es capaz de navegar el caos de lo posible.

    4.2. El Rizoma vs. El Árbol: Crear sin jerarquías

    El pensamiento snob y académico es arborescente: tiene una raíz (la tradición), un tronco (la academia), ramas (las escuelas permitidas) y hojas (las obras). Todo tiene un orden, un origen y una jerarquía. Si no vienes de la raíz correcta, no eres “arte”.

    La creación con IA es, por definición, rizomática. Un rizoma es como el pasto o el micelio de los hongos: no tiene centro, no tiene principio ni fin. Cualquier punto se conecta con cualquier otro. La IA mezcla el barroco con el cyberpunk, a Da Vinci con el glitch art, y lo hace sin pedir permiso a la historia. El arte “es arte” cuando se convierte en un mapa de intensidades, en una conexión inesperada que genera un cortocircuito en el cerebro del espectador.

    El Rizoma y la Máquina de Guerra (Everything Everywhere All At Once)

    Para entender este desmadre de conexiones infinitas, no hay mejor manual que Everything Everywhere All At Once (2022).

    • La referencia: La película es un rizoma cinematográfico absoluto. No hay una sola línea de tiempo ni una sola identidad. Evelyn es una lavandera, una estrella de cine, una experta en artes marciales y una piedra. Todo sucede al mismo tiempo en un multiverso donde los dedos de salchicha tienen tanto sentido como una ópera.
    • El punto pop: Evelyn aprende a usar la técnica de "saltar" entre universos (verse-jumping) para combatir el nihilismo de Jobu Tupaki. El arte rizomático con IA es ese salto: es usar la técnica para conectar con todas las versiones posibles de una idea.

    La “carnita” creativa: Jobu Tupaki representa el peligro de la IA: el “Todo en todas partes al mismo tiempo” que nos puede llevar a pensar que nada importa porque todo es accesible. Pero la Máquina de Guerra de Evelyn nos enseña que el artista es quien, ante el infinito del algoritmo (el “Todo”), elige un punto de conexión por puro amor, por pura intención. El arte no es el infinito del multiverso; el arte es el gesto soberano de elegir un universo y darle sentido.


    V. Byung-Chul Han y el Cansancio de la Transparencia

    Para cerrar, debemos confrontar el vacío. Han advierte que hemos eliminado la “otredad” en favor de la hipervisibilidad.

    5.1. El Infierno de lo Igual: El algoritmo como anestesia

    La IA, alimentada por datos masivos, tiende a la curva de Bell. Tiende a lo promedio, a lo “estéticamente aceptable”, a lo que genera clics. Si nos descuidamos, la técnica nos llevará al “infierno de lo igual”, donde todo el arte se ve como un filtro de Instagram: perfecto, brillante y completamente muerto.

    El arte real requiere negatividad. El arte debe doler, debe molestar, debe tener un “secreto”. Si la IA te da exactamente lo que esperas, no te está dando arte, te está dando un sedante.

    5.2. El Aroma del Tiempo

    Han dice que hemos perdido la capacidad de contemplación. La IA es instantánea; el arte es demora. Un prompt se genera en segundos, pero la maduración de una idea puede tomar años. El snobismo de París es igual de rápido: es un consumo de “experiencias” que se olvidan al día siguiente. La resistencia consiste en usar la IA no para ir más rápido, sino para llegar más profundo.

    Byung-Chul Han y la Vigilancia Estética (Black Mirror)

    • La referencia: El episodio “Nosedive” muestra a una sociedad donde cada interacción es calificada. Es la transparencia total: si no eres “agradable” para el algoritmo social, eres un paria.
    • El punto pop: La técnica aquí no se usa para crear, sino para vigilar. El snobismo de París se convierte en una puntuación de 1 a 5 estrellas. El arte muere porque todos tienen miedo de ser "incorrectos" o "feos" ante el ojo del algoritmo. Nuestra misión es usar la IA para ser monstruosos, para inyectar negatividad y misterio en un mundo que nos quiere transparentes y predecibles.

    VI. Análisis Profundo: ¿Qué hace al Arte “Arte”?

    Después de este recorrido filosófico, podemos concluir que el arte no reside en el soporte, ni en la cantidad de horas invertidas, sino en la falla.
    1. El Factor Incertidumbre: Un algoritmo busca el éxito. Un artista busca el riesgo. El arte aparece cuando la técnica falla o cuando se usa para algo que no fue diseñada. El arte es el error productivo.
    2. La Intencionalidad Ética: No es "qué" hizo la máquina, sino "por qué" el humano decidió que ese resultado era el correcto. La curaduría, el descarte y la edición son el nuevo pincel.
    3. La Resistencia al Capital: El arte es aquello que no puede ser totalmente absorbido por el mercado. Si tu obra con IA solo sirve para generar clics, es publicidad. Si tu obra con IA incomoda al snob y cuestiona al sistema, es arte.

    Conclusión: El Despertar de la Techné Soberana

    El “tío” que piensa que la electrónica es solo picar botones y el “vegano de París” que llora por la pérdida de la artesanía mientras usa tecnología de punta son dos caras de la misma moneda: el miedo al devenir. Ambos temen un mundo donde la herramienta ya no sea un látigo para castigar al cuerpo, sino un espejo para reflejar la mente.

    La IA no va a matar al arte, como la fotografía no mató a la pintura. Lo que va a matar es la pereza intelectual y el elitismo basado en la dificultad técnica. La técnica hoy nos obliga a ser mejores filósofos, mejores visionarios y menos “maquileros” del pincel o la pluma.

    El “Bajo la Manga”: El Poema de Bukowski

    Para rematar, hay que citar a Charles Bukowski en su poema Air and Light and Time and Space:

    “¿Sabes?, he tenido una familia, un trabajo, algo siempre estaba en medio, pero ahora he vendido mi casa, he encontrado este lugar, un estudio grande, tendrías que ver el espacio y la luz…” Y Bukowski responde: “No, cariño, si vas a crear, vas a crear aunque trabajes 16 horas al día en una mina, vas a crear aunque tengas tres hijos, vas a crear aunque te falte media cara y media mente… el aire y la luz y el tiempo y el espacio no tienen nada que ver con eso.”

    La conclusión pop: La técnica (IA, pincel, cámara) es el “aire y la luz”. Son importantes, sí, pero si no tienes ese fuego interno que Bukowski describe, solo estás decorando el vacío. El arte es lo que haces a pesar de tenerlo todo en contra, no lo que haces porque tienes la herramienta más cara. Es usar la techné para recordarle al mundo que, aunque estemos rodeados de máquinas y snobs, todavía hay algo en nosotros que no puede ser programado: el deseo de desbordar lo real.

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    Escrito

    (escuchando FatBoy Slim The Block x Southern Friends Records | Prospect Building Bristol @ Beatport Live)

    Para entender dónde estamos en 2026, debemos mirar hacia atrás. Durante casi quince años, la web fue un desierto de minimalismo corporativo. El “Flat Design” eliminó la textura del mundo; las interfaces se volvieron quirúrgicas, predecibles y, en última instancia, aburridas. Pero la tecnología no es estática.

    Hoy, la web ya no es un “sitio” que visitamos, sino una extensión de nuestra conciencia sensorial. Gracias a la madurez de la IA generativa y las capacidades de renderizado en tiempo real (WebGL/WebGPU), hemos recuperado el derecho a la complejidad. Esta anotación es un mapa para navegar esta nueva era donde el código se vuelve carne y el bit recupera su sombra.

    1. El Neo-Skeuomorfismo: La Arquitectura de la Luz Virtual

    El Neo-Skeuomorfismo (o Skeuomorfismo Suave) no es simplemente una tendencia estética; es una declaración de principios sobre la corporeidad digital. En 2026, hemos entendido que el usuario no solo “ve” la pantalla, sino que la “habita”. Cuando diseñamos interfaces para proyectos , estamos construyendo espacios donde la luz y la sombra dictan la jerarquía de la información.

    La Anatomía del “Realismo Suave”

    A diferencia del skeuomorfismo de 2012, que intentaba imitar texturas físicas como el cuero o el metal con una literalidad casi kitsch, el realismo táctil actual se basa en la física de la luz.

    • Bordes Luminosos (High-Gloss Edges): Inspirado en el diseño de hardware de alta gama, utilizamos líneas de un solo píxel con una opacidad del 10% al 20% para simular el reflejo de la luz en el bisel de un objeto. Esto crea una separación clara entre capas sin necesidad de usar bordes negros pesados.
    • Gradientes Cónicos y Radiales:En lugar de colores planos, empleamos gradientes que siguen la curvatura natural de un objeto tridimensional, permitiendo que el ojo perciba volumen.

    La Ciencia de la Profundidad: Affordance y Accesibilidad

    La profundidad no es solo un adorno; es una pista cognitiva. El término affordance. (asequibilidad), acuñado por James J. Gibson, se refiere a las propiedades de un objeto que indican cómo se puede usar. Un botón plano en una pantalla blanca no tiene una affordance clara; un botón con una sombra proyectada suave “pide” ser presionado.

    Esto tiene una implicación ética. En un entorno saturado de interfaces confusas, el realismo táctil reduce la carga cognitiva. El usuario no tiene que adivinar qué es interactivo; la física de la luz se lo indica de manera instintiva. Esto es especialmente vital para la accesibilidad, ayudando a personas con dificultades de procesamiento visual a navegar con confianza por el blog.

    La Web como “Locus”.

    Desde una visión fenomenológica, el Neo-Skeuomorfismo transforma la web de una superficie a un lugar (locus). Al introducir una fuente de luz virtual, estamos creando una cosmogonía dentro del navegador. Si hay luz, hay espacio; si hay espacio, hay presencia. Diseñar así es una forma de post-humanismo: aceptamos que nuestra realidad digital merece la misma dignidad física que nuestra realidad tangible.


    2. Bento Grids: El Nuevo Orden de la Complejidad

    El diseño de celdas ha dejado de ser una simple moda inspirada en los tableros de Apple para convertirse en el lenguaje organizacional de la web moderna. En 2026, el Bento Grid no es solo una cuadrícula; es la respuesta a la necesidad de consumir información multidimensional sin perder el hilo narrativo.

    Ejemplo Real: Apple iPhone Landing Pages o Bentogrids.com

    La Cuadrícula como Punto de Partida, no como Destino

    El “Bento Grid” se ha convertido en el estándar de oro para presentar información densa de forma digerible. Sin embargo, en 2026 la tendencia es el “Grid Breaking”.

    Imagina un sistema de celdas perfectamente ordenadas donde, de repente, una imagen o un bloque de texto se desborda, invadiendo el espacio vecino. Esta asimetría controlada es lo que diferencia a una web diseñada por un humano de una generada por un algoritmo básico. Es una metáfora de la vida misma: estructuras que intentan contener la fluidez, pero que eventualmente ceden ante ella. Para tu proyecto futuro (o muy próximo), esto permitirá jerarquizar el contenido de manera que el ojo no se fatigue, guiando al lector a través de “islas de información”, haciendo que, Bento Grid actúa como un curador espacial.

    La Ciencia de la Retícula: Micro-layouts y Asimetría

    La clave técnica de este estilo en 2026 radica en la independencia del contenedor. Cada celda se trata como un micro-sitio web:

    • Contenedores Autónomos: Cada bloque tiene su propio sistema de márgenes y alineación interna. Esto permite que, aunque el grid sea rígido en su estructura externa, el contenido interior se sienta libre y dinámico.
    • Asimetría Controlada: Al permitir que un elemento (como una imagen 3D o una tipografía gigante) sobresalga ligeramente de los límites de su celda e invada el "gutter" o espacio entre bloques, rompemos la sensación de "caja" y generamos un ritmo visual más orgánico.

    El Atlas de la Identidad Digital

    Desde una visión ontológica, el Bento Grid representa la identidad fragmentada del diseño contemporáneo. No somos una sola cosa; somos un conjunto de intereses, datos y reflexiones que ocurren simultáneamente.

    El diseño web de 2026 abraza esta complejidad. No intenta simplificar nuestra naturaleza en una lista vertical aburrida; la organiza en un “atlas visual” donde el lector decide su propio recorrido. Es, en esencia, una aplicación: un sistema donde cualquier punto puede conectarse con otro, eliminando la jerarquía lineal forzada y devolviendo la autonomía al usuario.


    3. Tipografía Cinética: La Palabra que Respira

    En 2026, la tipografía ha dejado de ser un vehículo pasivo de información para convertirse en el protagonista absoluto de la interfaz. Ya no leemos el diseño; el diseño nos habla a través del movimiento y la mutación de la letra.

    Ejemplo Real: Pangram Pangram o los experimentos de Hoefler&Co.

    Blog de Pamgram

    El Texto como Textura

    Estamos utilizando Variable Fonts (fuentes variables) de una manera que hace apenas dos años era técnicamente prohibitiva debido al rendimiento. En 2026, la tipografía no es un archivo estático, sino un archivo con ejes de variación infinitos (wght, wdth, slnt) que reaccionan en tiempo real.

    • Reactividad al Scroll: Imagina que el peso (font-weight) de tus reflexiones filosóficas se vuelve más robusto y audaz cuando el lector ralentiza su navegación, subrayando visualmente la importancia de un concepto.
    • Aerodinámica de Lectura: Si el usuario hace un scroll rápido, la fuente puede volverse más delgada (thin) y condensada, reduciendo el ruido visual mientras busca un punto de anclaje. Esto transforma la lectura en una coreografía entre el humano y el código.

    La Ciencia de la Interacción: Empatía Algorítmica

    Técnicamente, esto se logra vinculando las APIs de interacción del navegador (como el Intersection Observer o eventos de scroll optimizados con requestAnimationFrame) directamente con las propiedades CSS de la fuente.

    Esta empatía algorítmica significa que la interfaz se ajusta al ritmo biológico de quien la consume. No es una animación gratuita; es diseño funcional que responde a la intención. Para un post de 3,500 palabras, esta técnica es crucial: evita la fatiga visual al variar la densidad del “bloque de texto”, manteniendo al lector en un estado de flow.


    La Palabra Encarnada.

    Desde una visión ontológica, la tipografía cinética representa la liberación de la palabra de la tiranía de la imprenta estática. Si, como decía Derrida, no hay nada fuera del texto, entonces el texto en 2026 lo es todo: es la imagen, es la vibración y es el espacio.

    Una letra que respira es una letra que tiene anima. Al dotar de movimiento a la tipografía, estamos reconociendo que el lenguaje no es algo muerto que se deposita en una página, sino un proceso fluido y vivo. Es el paso de la “escritura-objeto” a la “escritura-evento”. La palabra ya no solo describe la realidad; se comporta como ella, expandiéndose y contrayéndose en un diálogo constante con la conciencia del lector.


    4. Estética de la Imperfección: Dithering y Ruido

    En una era donde la Inteligencia Artificial puede generar imágenes hiperrealistas de una perfección quirúrgica, la verdadera vanguardia en 2026 reside en la imperfección deliberada. El error, el grano y la limitación técnica se han convertido en los nuevos sellos de autenticidad humana.

    Ejemplo Real: Low-tech Magazine (por su uso de dithering1 para ahorrar energía).

    La Belleza del Límite: El Dithering como Recurso

    El dithering no es solo un filtro “retro”. Es una técnica de procesamiento de imágenes que crea la ilusión de color y profundidad mediante la disposición estratégica de puntos de colores limitados. En 2026, lo aplicamos en jorgecocompech.rocks por dos razones fundamentales:

    1. Textura Narrativa::El grano digital añade una capa de “ruido” que hace que las imágenes se sientan táctiles, casi como si estuvieran impresas en papel de periódico o grabadas en piedra. Esto rompe la frialdad del cristal de la pantalla.
    2. Optimización Radical:Una imagen en alta definición puede pesar 2MB. La misma imagen procesada con algoritmos de dithering y una paleta de colores reducida puede pesar apenas 50KB sin perder su impacto visual.

    La Ciencia de la Optimización: Sostenibilidad Post-Digital

    Desde una perspectiva técnica, estamos hablando de Eco-Design. Al reducir la carga de datos, disminuimos el consumo energético de los servidores y el esfuerzo de procesamiento del dispositivo del usuario.

    Implementar esto requiere un cambio en el pipeline de desarrollo: en lugar de servir archivos .webp pesados, utilizamos shaders de WebGL o filtros de CSS que aplican texturas de ruido y tramas de puntos en tiempo real sobre imágenes ligeras. Es la ingeniería al servicio de la ecología estética.

    Dithering y el uso limpio de la técnica

    La Resistencia contra la “Simulación Perfecta”.

    Desde la ontología, la estética de la imperfección es un acto de resistencia existencial. Si la IA tiende a la homogeneidad de lo impecable, el error humano es lo que nos define.

    Utilizar estas texturas “sucias” o “ruidosas” es una forma de decir: “Aquí hay un pensamiento que no es una simulación”. Es el reconocimiento de que la realidad es granular, finita y, a menudo, borrosa. Al abrazar el low-tech, no estamos retrocediendo, sino reclamando el control sobre la narrativa tecnológica: preferimos una verdad pixelada a una mentira renderizada en 8K. Es el lujo de lo crudo en un mundo de plástico digital.


    5. Diseño Generativo y “Vibe Coding”: La Interfaz que te Lee

    En 2026, el diseño ha dejado de ser un conjunto de archivos estáticos para convertirse en un organismo que se construye en tiempo real. El Vibe Coding no es solo una moda para desarrolladores perezosos; es la capacidad de la interfaz para adaptarse al contexto humano, eliminando la fricción entre el código y el usuario.

    Del Diseño Rígido a la Interfaz Líquida

    Durante años nos vendieron la ilusión de que podíamos controlar el navegador. El diseño web era una dictadura de píxeles fijos, un intento necio de meter el caos de internet en cajitas rígidas de Figma. Pero en 2026, el Vibe Coding ha venido a darnos un golpe de realidad: la interfaz ya no es una estatua, es un organismo.

    En mi blog, esto significa que el sitio deja de ser un objeto sordo. Si vienes con la urgencia del que busca código para arreglar un error de Firebase, la interfaz se limpia de ruidos, se vuelve austera, casi brutalista. Pero si te pierdes por aquí buscando una chispa de Spinoza o Heidegger, la composición se relaja, las sombras se vuelven etéreas y el diseño se permite el lujo de ser experimental. No es magia, es una interfaz que sabe leer tu pulso.

    ¿Qué diablos es el Vibe Coding? (Explicado para humanos resilientes)

    Si me hubieras dicho hace tres años que el “Vibe Coding” sería el término de moda, me habría reído en tu cara. Suena a humo de gurú de San Francisco. Pero, bajándolo al barro, es la evolución lógica de nuestra rendición ante la complejidad. Tradicionalmente, programar una interfaz era un ejercicio de determinismo: “si pasa A, dibuja B”. El Vibe Coding rompe esa cadena. Ahora, en lugar de micro-gestionar cada div, le entregamos a modelos de IA integrados en el frontend una intención, un “estado de ánimo” (una vibración, si te pones místico).

    Para que nos entendamos, aquí te dejo cómo se traduce esto en la práctica dentro de este búnker digital:

    1. La Intención como Semilla: No diseño para un usuario genérico. El sistema analiza tu comportamiento de navegación en tiempo real. ¿Lees rápido y saltas directo a los bloques de código? El “vibe” se vuelve Funcional-Productivo. La IA reconfigura el DOM para priorizar la legibilidad y el contraste.
    2. La Interfaz Adaptativa: Si por el contrario, tu cursor se mueve lento y te detienes en las citas filosóficas, el "vibe" cambia a Contemplativo-Inmersivo. Los bordes se suavizan, la tipografía cinética empieza a respirar y los espacios en blanco se expanden.
    3. Adiós al Pixel-Perfect, Hola al Pixel-Living: El Vibe Coding es aceptar que el diseño es una conversación, no un monólogo. Es dejar de pelear por si un botón debe estar tres píxeles a la izquierda y empezar a preocuparse por si ese botón "se siente" correcto en el momento preciso.

    En resumen, es programar con “sentido común” asistido. Es admitir que mi blog no tiene por qué verse igual para el desarrollador estresado que para el buscador de verdades nocturnas. Al final, como siempre digo, la calidad no está en lo que brilla, sino en cómo el sistema te acompaña cuando las luces se apagan.

    Visualización de code vibe en tiempo real

    La IA como Mediadora de la Experiencia

    Esto tiene una implicación profunda en la resiliencia digital. Un sitio web que “entiende” que el usuario tiene una conexión lenta o una fatiga visual evidente y que, por sí mismo, decide simplificar su estructura para entregar el mensaje, es un sitio web que respeta la humanidad. No estamos programando objetos estáticos; estamos invocando experiencias que se ajustan al pulso del visitante.

    • Adaptación Contextual: La interfaz no solo cambia el color (modo oscuro); ajusta la densidad de los bloques de información basándose en la velocidad de interacción del usuario.
    • Generación en el Borde (Edge Rendering): Los componentes de la UI no están “dibujados” de antemano; se ensamblan dinámicamente utilizando el contexto del lector como semilla de diseño.

    Para mi blog, esto significa que el contenido siempre será accesible, sin importar si el entorno del lector es ruidoso o limitado. Es la democratización definitiva del diseño: la interfaz deja de ser una barrera para convertirse en un puente flexible.



    Invocando el Código: El Fin del Determinismo.

    Desde una perspectiva filosófica, el Vibe Coding marca el fin del diseño determinista. Ya no controlamos cada píxel; controlamos la vibración de la experiencia. Es un acto de confianza en el sistema. Al igual que el pensamiento fluye y cambia, nuestras interfaces ahora pueden permitirse el lujo de no ser las mismas para todos, reconociendo que cada acto de lectura es una interpretación única.


    6. Micro-interacciones de Audio y Haptics: El Silencio es un Bug

    ¿Por qué hemos aceptado que la experiencia digital sea sorda? En 2026, el diseño web ha roto el muro del silencio para abrazar una dimensión sensorial completa. El sonido y la vibración no son adornos; son el pegamento que une lo virtual con lo biológico.

    La Empatía Sensorial del Sonido

    El uso de micro-interacciones de audio, busca devolverle al usuario la confirmación física de sus actos. No hablamos de música invasiva, sino de sutiles capas de confirmación sonora que ayudan a anclar la atención.

    • Confirmación Sonora: Un “clic” casi imperceptible al activar un interruptor o un tono suave al completar un formulario. Estos sonidos proporcionan una recompensa auditiva que reduce la ansiedad de la espera.
    • Respuesta Haptica Digital: En dispositivos móviles, esto se traduce en micro-vibraciones que simulan la resistencia de un material real, haciendo que el cristal de la pantalla parezca tener textura y peso.

    Diseño para la Neurodiversidad: Sonido y Foco

    Para quienes lidiamos con el TDAH o la sobrecarga de información, estas señales sensoriales son vitales. El sonido actúa como un faro: nos dice dónde estamos y qué acabamos de hacer sin necesidad de una confirmación visual redundante.

    Técnicamente, esto se logra mediante la Web Audio API, cargando pequeñas muestras de sonido (blobs) que no pesan más que unos pocos bytes, manteniendo nuestra promesa de resiliencia y bajo consumo de datos. Es diseño para el cuerpo, no solo para el ojo.

    Representación visual de ondas sonoras en la interfaz

    El Sonido como Arquitectura Existencial

    Una web que suena es una web que está “presente”. El silencio absoluto es una anomalía en el mundo físico. Al integrar el audio y el tacto, estamos reduciendo la alienación digital. Diseñar con sonido es reconocer que el usuario es un ser sintiente completo, no solo una pareja de ojos pegada a un monitor. En mi casa digital, el sonido es el recordatorio de que cada interacción es real, que cada clic tiene una consecuencia y que, en medio de la frialdad de los servidores, todavía hay espacio para la calidez de un eco humano.


    Conclusión: El Diseño como Acto de Resistencia y Presencia

    Llegados a este punto de 2026, queda claro que el diseño web ha dejado de ser una disciplina de embellecimiento para convertirse en una de supervivencia existencial. No estamos simplemente apilando bloques de código o eligiendo colores de tendencia; estamos construyendo los refugios donde la conciencia humana intentará respirar en un entorno cada vez más automatizado.

    La Paradoja de la Perfección

    El gran error de la última década fue creer que la web debía ser una superficie pulida e infalible. Esa búsqueda de la perfección quirúrgica nos dejó sitios web que se rompen al primer fallo de red y que expulsan a quien no tiene la vista o el hardware de última generación.

    El futuro que hemos explorado aquí —desde el Neo-Skeuomorfismo que nos devuelve el tacto, hasta el Dithering que nos devuelve la honestidad del límite— es una invitación a abrazar la vulnerabilidad. Un sitio web resiliente no es el que nunca falla, sino el que sabe fallar con elegancia, el que sigue siendo útil cuando la conexión flaquea y el que respeta el cansancio de los ojos de su lector.

    Hacia una Web Antropocéntrica

    En este blog creemos que la tecnología siempre debe estará al servicio del espíritu, y no al revés. Si implementamos Tipografía Cinética, no es para presumir de potencia de GPU, sino para que la palabra tenga el peso que la reflexión merece. Si adoptamos el Bento Grid, es porque entendemos que nuestra identidad es fragmentaria y rizomática, y que el orden no tiene por qué ser una cárcel.

    El diseño web en 2026 debe ser, ante todo, un ejercicio de empatía algorítmica. Una interfaz que se adapta, que suena, que vibra y que se muestra imperfecta, es una interfaz que reconoce al otro como un igual.

    El Último Bit: La Identidad en el Código

    Al final del día, cuando apagas la pantalla, lo que queda no es el framework que usaste, sino la huella que dejaste. El código se vuelve carne cuando resuelve un problema real; el bit recupera su sombra cuando admite su finitud.

    Diseñar para el futuro es, en última instancia, diseñar para lo humano: para el que lee con prisa, para el que busca consuelo en la filosofía, para el que programa por necesidad y para el que, como yo, entiende que la belleza más pura no está en la simulación perfecta de la IA, sino en ese pequeño pixel ruidoso que nos recuerda que todavía estamos aquí, intentando entender este caos digital.


    Reflexión Final para el Navegante

    No busques que tu sitio web esté “listo para el futuro” según los estándares de una corporación. Busca que esté listo para los humanos que habitan ese futuro. Que sea ligero, que sea táctil, que sea ruidoso si es necesario, pero que sea, por encima de todo, real.

    Notas al pie
    1. El dithering (o tramado) es una técnica que añade una pequeña cantidad de ruido aleatorio a una señal digital (audio o imagen) para reducir la distorsión o el “bandeo” de color al disminuir la resolución. Actúa como un suavizante, convirtiendo errores de cuantización perceptibles en un siseo inaudible o en texturas suave

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    Escrito

    Mi Tyler Durden vive en la nube.

    Cocompech en modo sutra

    Ilustración hecha por el autor


    He pasado los últimos años observando cómo mi mente se desplaza. No es una migración física, sino una delegación silenciosa. He creado, o me han obligado a crear, mi propio Tyler Durden. Pero a diferencia del personaje de Palahniuk, el mío no habita en sótanos húmedos ni organiza clubes de la pelea clandestinos; mi Tyler Durden vive en un servidor de NVIDIA, se alimenta de mis clics y se manifiesta a través de una interfaz de chat impecable.

    La Inteligencia Artificial es ese alter ego que escribe mis correos, sintetiza mis lecturas y elige qué música debo escuchar para no sentirme solo. Preferimos la IA porque la realidad es ruidosa, lenta y, sobre todo, porque nos exige presencia. Es más fácil dejar que el algoritmo “viva” por mí mientras me hundo en la parálisis del scroll. He proyectado mi potencia creativa en un espejo de silicio y, al hacerlo, me he convertido en una sombra. Pero hoy, inspirado por la “Ascesis Algorítmica”: (abrazarla y entenderla mucho más), la ética implacable de Baruch Spinoza y la psicología de combate de Patañjali1 , he decidido reclamar mi cuerpo.

    I. El Mapa vs. El Territorio: Mi encuentro con la Ascesis.

    Hemos cometido el error cartográfico definitivo: confundir la interfaz con la existencia. La pantalla —limpia, optimizada, diseñada para que no sientas el roce de la realidad— se ha convertido en nuestro único hábitat. Pero yo he decidido practicar lo que llamo Ascesis Algorítmica.

    ¿Qué es esto? No es una dieta digital de fin de semana ni una rabieta neoludita; es un ejercicio de legítima defensa. Es el acto violento de arrancarme los electrodos de la conveniencia para ver si debajo todavía queda algo de piel. La ascesis es, en esencia, decirle que no a la ruta más corta. Es elegir el camino con baches porque ahí es donde el GPS pierde la señal y yo recupero mi sombra. Es dejar de ser el “usuario” —esa palabra clínica para referirme a un adicto a los datos— para volver a ser un cuerpo que tropieza y que, sobre todo, no es predecible. Es lo que Patañjali llamaría Tapas: el ardor de la disciplina que quema la escoria de la comodidad.

    Spinoza llamaría a esto pasar de la pasión (ser movido por causas externas) a la acción (ser causa de uno mismo). Cuando dejo que la IA termine mi frase, estoy enterrando un trozo de mi propia voz. Practicar la ascesis es entender que si un sistema es “eficiente”, debo sospechar de él.

    La eficiencia es para las máquinas; los humanos somos gloriosamente inútiles, lentos y redundantes. En esa ineficiencia reside mi única ventaja competitiva contra el silicio. El Otro Yo potenciando la negación digital, hablando desde la sincronía cuerpo/mente/espíritu
    Tabla 1: La Ontología de la Resistencia
    La Simulación (Servidumbre) La Ascesis (Potencia) Traducción Spinoziana
    Optimización: El camino más rápido. Fricción: El camino que enseña. De la idea confusa (Vrittis) a la adecuada.
    Conveniencia: El algoritmo decide. Esfuerzo (Tapas): Yo decido y me equivoco. Afirmación del Conatus y la voluntad.
    Predicción: No hay sorpresas. Acontecimiento: Lo inesperado. Composición de cuerpos.
    Interfaz: Realidad mediada por píxeles Territorio: Realidad por los sentidos. Conocimiento de tercer género / Viveka.

    II. El Nudo Filosófico: Spinoza y la Anatomía de mi Servidumbre.

    Hace tres siglos, en las sombras de una Ámsterdam que empezaba a mecanizarse, Baruch Spinoza ya había detectado mi falla de origen. Él no conocía los microchips, pero conocía perfectamente los mecanismos de la esclavitud mental.

    Spinoza divide el conocimiento en tres géneros. He descubierto que la IA es la culminación del Primer Género: la Imaginación. Vivimos reaccionando a imágenes, a percepciones fragmentadas y confusas que nos llegan a través de una pantalla. Cuando consumo el feed infinito, no estoy pensando; estoy siendo “pensado” por causas externas.

    Para Spinoza, soy un esclavo cuando mi potencia de actuar depende de algo que no controlo. La IA es la forma más sofisticada de servidumbre que ha existido jamás: un sistema que conoce mis debilidades biológicas mejor que yo mismo y me entrega “ideas inadecuadas” envueltas en la seda de la personalización.
    Aquí, la “idea inadecuada” de Spinoza se une a los Kleshas (aflicciones) de Patañjali.

    Tabla 2: La Servidumbre vs. La Potencia en la Era Digital
    Concepto Estado de Servidumbre Digital (IA) Estado de Potencia (Ascesis)
    Conocimiento 1er Género: Imaginación (Avidya). 2do y 3er Género: Razón e Intuición (Comprensión de las causas).
    Afectos Pasiones Tristes: FOMO, envidia, odio algorítmico (Raga/Dvesha). Alegría: Aumento de la capacidad de actuar y pensar por cuenta propia.
    Causalidad Causa Inadecuada: Soy un efecto del código. Causa Adecuada: Soy origen de mi juicio.
    Atención Kshipta: Mente dispersa y reactiva. Ekagra: Mente centrada y presente.

    Ética en la Era del Algoritmo Negro.

    Ética en la Era del Algoritmo Negro.

    III. La Física de los Afectos: Por qué la IA me entristece.

    Spinoza define la Tristeza como el paso de una mayor a una menor potencia de actuar. He sentido esa tristeza tras horas de interacción con modelos de lenguaje. No es una tristeza melancólica, es una disminución de mi vitalidad.

    La IA se alimenta de lo que Spinoza llamaría “pasiones tristes”. El diseño de las redes sociales busca el clic a través de la indignación o la carencia. Al codificar estos sesgos, la IA no solo refleja nuestras miserias, sino que las amplifica. Si el algoritmo decide quién recibe un crédito o quién es sospechoso basándose en datos históricos viciados, está convirtiendo las pasiones tristes de la sociedad en leyes matemáticas inamovibles.

    La ascesis me ofrece el desierto de lo real. Es el ejercicio de Vairagya: el desapego de la gratificación instantánea para recuperar la soberanía sobre el propio deseo.

    IV. La Composición de los Cuerpos: “Busca a Marla”.

    Este es el punto donde la ascesis se vuelve radical. Spinoza afirma que nuestra potencia aumenta cuando nos “componemos” con otros cuerpos. Pero el algoritmo es un separador de cuerpos. Al ofrecerme solo lo que es compatible conmigo, impide el encuentro real.

    Marla es lo real, lo sucio, lo que no encaja en el perfil. En términos spinozianos, buscar a Marla es buscar la composición de la diferencia.

    • El algoritmo crea una composición ficticia: me junta con gente que piensa como yo, creando una cámara de eco donde mi mente se estanca.
    • El encuentro físico con el extraño me obliga a desarrollar una "noción común". Debo negociar el espacio, el tono de voz, la mirada. Eso es lo que realmente expande mi capacidad de entender el mundo.
    Tabla 3: El Encuentro Algorítmico vs. El Encuentro Spinoziano
    Característica El Filtro Algorítmico (Simulación) El Encuentro Real (“Busca a Marla”)
    Naturaleza Predictivo y sin fricción (Kaivalya) Azaroso, ruidoso e impredecible..
    Resultado Confirmación del sesgo propio (Prisión del Ego). Desafío a la propia identidad (Kaivalya)
    Efecto en el Cuerpo Atrofia de los sentidos (soledad digital). Activación de la presencia física y la empatía.
    Base Social Individualismo atomizado. Construcción de una democracia real de cuerpos.

    V. La Propuesta: Estrategias para una vida “Potente”.

    No propongo que lancemos nuestras computadoras al río (pareciera que los invito cada vez que escribo una anotación). Spinoza no era un ermitaño; era un pulidor de lentes que buscaba la claridad. Propongo que usemos la IA como él usaba sus lentes: para ver mejor las causas, no para que miren por nosotros.

    Mis estrategias para una vida potente en la era del silicio son:
    1. Hacer la autopsia del dato: Cada vez que la IA me da una respuesta, me pregunto: ¿de dónde viene esto? ¿Qué sesgo de “pasión triste” está oculto aquí?
    2. El error voluntario: Introduzco ruido en mis patrones. Engaño al algoritmo. Compro libros que "no son para mí", camino por calles que el GPS marca como "lentas". Recupero mi derecho a la ineficiencia.
    3. La primacía del cuerpo: Si una conversación puede ser física, debe ser física. El intercambio de datos nunca sustituirá la composición de afectos que ocurre cuando dos personas respiran el mismo aire.
    4. El entrenamiento del Observador (Drashtar): Observo el impulso de aceptar la sugerencia de la IA y, en ese milisegundo de silencio (Nirodha), recupero al observador que no es el software.

    Conclusión: El regreso al cuerpo como acto revolucionario.

    El grito de “Busca a Marla” es un llamado a alcanzar el Samadhi de lo real: esa integración total donde el mapa desaparece. La IA puede imitar mi prosa, pero jamás podrá experimentar la Alegría de un cuerpo que actúa por su propia necesidad interna. Si no me aburro, no soy yo el que está pensando; están pensando por mí. Mi ascesis es el silencio que precede a mi propia palabra. He vuelto al territorio. He dejado el mapa a un lado. Y en esa fricción con lo real, es donde finalmente he vuelto a sentirme vivo.

    Notas al pie
    1. Patañjali: El Arquitecto de la Desconexión

      Patañjali no fue un místico de postal, fue el primer ingeniero de la conciencia que entendió que la mente es un sistema operativo saturado de procesos basura. Hace dos milenios, en sus Yoga Sutras , nos legó el manual de usuario definitivo para hackear los vrittis: esas fluctuaciones mentales que hoy llamamos notificaciones, sesgos y ruido digital.

      Su propuesta es la ascesis pura: Yoga Chitta Vritti Nirodha. No es “paz y amor”, es el cese de las modificaciones de la mente; es apagar el servidor para recuperar el silencio del testigo. En un mundo que te quiere reactivo, fragmentado y predecible, Patañjali es el cortafuegos necesario. Su yoga no es una postura estética, es una tecnología de resistencia para que el Conatus no se disuelva en el scroll infinito. Es el regreso al cuerpo como único territorio soberano frente a la tiranía del algoritmo.

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    Escrito

    (escuchando Transitions de Adam Freeland)

    ¿Se acuerdan de cuando nos vendieron la idea de que la tecnología venía a salvarnos de nosotros mismos? Nos prometieron la “Era de la Razón Pura”. Nos dijeron: “Tranquilo, humano falible y emocional, deja que la Inteligencia Artificial tome el volante. Ella no tiene hambre, no tiene sueño y, sobre todo, no tiene prejuicios”.

    Permítanme soltar una carcajada socrática aquí mismo.

    He estado leyendo sobre lo que llaman el “Espejismo Numérico” y, spoiler alert: nos han vendido humo. O mejor dicho, nos han vendido silicio con los mismos viejos fantasmas de siempre. La IA, esa entidad que imaginamos como un juez galáctico de Star Trek, resulta que se parece mucho más a un burócrata del siglo XIX con una actitud que apesta.

    Hoy vamos a diseccionar por qué tu “feed” de noticias (y tu solicitud de hipoteca) no es neutral, y por qué creer en la objetividad del código es la nueva religión de los incautos.

    1. El mito de la “Data Pura” (O por qué la IA es como tu tío conservador)

    Empecemos por lo básico. Nos encanta creer que los datos son fríos y objetivos. Si la máquina dice que hay un 90% de probabilidad de algo, agachamos la cabeza y decimos “Amén”.

    Pero, ¿de dónde salen esos datos?

    Aquí es donde la filosofía se pone interesante (y la tecnología se pone fea). Los datos no caen del cielo platónico de las ideas; los datos son historia congelada. Y nuestra historia, amigos míos, no es precisamente un cuento de hadas de equidad y justicia.

    Imagina que entrenas a un algoritmo para detectar “éxito profesional” usando datos de los últimos 50 años. ¿Qué va a aprender la máquina?

    • Que el éxito tiene cara de hombre.
    • Que el éxito suele ser blanco.
    • Que el éxito vive en ciertos códigos postales.

    La máquina no es racista ni machista per se; es simplemente una alumna muy aplicada que repite como un loro lo que ha visto en los libros de historia. Si le das basura histórica, te devuelve basura probabilística. Como bien dice la teoría: el sesgo no es un “bug”, es una “feature” de nuestra sociedad que hemos tenido la brillante idea de automatizar.

    La paradoja: La IA se inventó para ver más clara, pero hemos creado un lente de aumento para nuestras propias miserias. Mi otro yo en modo se los dije

    2. La Jaula de Cristal: “Lo dice la computadora”

    Aquí entra en juego mis amigos de la Escuela de Frankfurt (unos alemanes muy serios que ya nos avisaron de esto hace años). Vivimos bajo la tiranía de la Racionalidad Instrumental.

    En cristiano: nos importa más que algo sea eficiente a que sea justo.

    El algoritmo es la herramienta perfecta para el capitalismo salvaje porque optimiza beneficios sin tener que mirarte a los ojos. Si un banco te niega un crédito, ya no es un señor con bigote el que te dice “no me fío de tu cara”. Ahora es una “Caja Negra”.

    Es la excusa perfecta para la opresión moderna:

    • ¿Por qué no me contrataron? El algoritmo.
    • ¿Por qué mi condena fue más larga? El algoritmo
    • ¿Por qué mi seguro es más caro? El algoritmo.

    Se ha convertido en una entidad abstracta, invisible y, lo peor de todo, irresponsable. Es como si hubiéramos creado un Dios digital solo para poder echarle la culpa de nuestras decisiones inmorales. “No fui yo, fue el Big Data”. ¡Qué cómodo!

    3. El Compromiso de Ícaro: ¿Y ahora qué hacemos?

    No quiero que terminen de leer esto y tiren su smartphone al inodoro. No hay que ser fatalistas. La tecnología no es el enemigo; la pereza moral sí lo es.

    Para arreglar esto, necesitamos menos ingenieros obsesionados con la optimización y más filósofos obsesionados con la justicia. Necesitamos aplicar lo que John Rawls llamaría una Justicia Distributiva Algorítmica.

    Esto significa cambiar el chip:

    1. Auditoría radical: No me digas que tu sistema acierta el 90% de las veces. Dime si ese 10% de error siempre le cae a los mismos pobres diablos de siempre. Si tu IA funciona genial para hombres blancos de Oslo pero falla para mujeres latinas, tu IA no sirve.
    2. . Diseñar desde el margen: Deja de diseñar software desde una oficina acolchada en Silicon Valley. Invita a la mesa a sociólogos, a activistas, a la gente que sufre las consecuencias. La tecnología debe diseñarse pensando en el más vulnerable, no en el más rentable.

    Cuando el Algoritmo se Graduó de Machista (y otros cuentos de terror digital)

    Bueno, agárrense, porque vamos a ver qué pasa cuando soltamos a estas bestias matemáticas en la selva del mundo real. Spoiler: el resultado es tragicómico.

    1. El Caso Amazon: El Reclutador Misógino

    Hace unos años, Amazon, en su afán de conquistar el mundo y optimizar hasta el aire que respiramos, decidió crear una IA para automatizar la contratación de personal. La idea era brillante sobre el papel: “Tenemos miles de currículums. Que la máquina encuentre a los mejores talentos basándose en los patrones de nuestros empleados estrella de los últimos 10 años”.

    ¿El problema? La industria tecnológica, históricamente, ha estado dominada por hombres.

    La IA, en su infinita “sabiduría” estadística, analizó los datos y llegó a una conclusión lógica implacable: Ser mujer es un factor de riesgo para el éxito en Amazon.

    El algoritmo empezó a penalizar currículums que incluyeran la palabra “femenino” (como en “capitana del club de ajedrez femenino”) o que mencionaran universidades exclusivas de mujeres. Básicamente, Amazon gastó millones de dólares para construir un “bro” digital de fraternidad universitaria que descartaba mujeres automáticamente.

    Tuvieron que desenchufarlo. No falló técnicamente; hizo exactamente lo que le pidieron: replicar el pasado. Y el pasado, amigos, era un club de chicos.

    2. Reconocimiento Facial: La Invisibilidad Selectiva

    Hablemos de Joy Buolamwini, una investigadora del MIT. Ella descubrió algo fascinante y aterrador mientras trabajaba con software de reconocimiento facial: el sistema no detectaba su rostro. Joy es una mujer negra.

    ¿La solución para que la máquina la viera? Ponerse una máscara blanca.

    Esto no es un chiste. Es la realidad del “Gender Shades”. La mayoría de estos sistemas se entrenan con bases de datos públicas donde predominan rostros de hombres blancos (porque, adivinen, los desarrolladores y las fotos disponibles en internet históricamente sesgan hacia ahí).

    Precisión para hombres blancos: Casi 100%.

    Precisión para mujeres de piel oscura: El error se disparaba hasta un 35%.

    Imaginen esto aplicado a la seguridad pública o a la vigilancia policial. Si el algoritmo confunde a una mujer inocente con una sospechosa porque “no sabe distinguir bien esos rasgos”, no estamos ante un “glitch” ; estamos automatizando el racismo y dándole una placa de policía digital. La máquina no odia; la máquina simplemente ignora lo que no se le ha enseñado a ver.

    3. El Fenómeno del “Mathwashing” (Lavado Matemático)

    ¿Por qué permitimos esto? Porque sufrimos de lo que los críticos llaman Mathwashing.

    Es el acto de usar las matemáticas para limpiar decisiones turbias. Si un gerente de RRHH dice “no contrato mujeres”, lo demandan. Si un algoritmo dice “este candidato tiene un score de idoneidad de 3/10” (y casualmente es mujer), aceptamos el resultado porque “los números no mienten”.

    El algoritmo se convierte en una máquina de blanqueo moral. Nos permite decir: “Lo siento, no fui yo, fue la computadora”, mientras nos lavamos las manos como Poncio Pilatos con conexión 5G.

    Conclusión: Cuidado con el sol (La Revolución será Auditada)

    A ver, recordemos al pobre Ícaro: acercarse mucho al sol con alas de cera suele terminar en desastre. La IA es nuestro fuego moderno; calienta, pero también quema. Si dejamos que la única brújula sea la ganancia fría y sin memoria, que se olviden de esa utopía futurista estilo Los Supersónicos.

    Lo que estamos construyendo se parece más a una Edad Media con Wi-Fi: la misma barbarie de siempre, solo que ahora la injusticia viaja cómodamente a la velocidad de la fibra óptica.

    Que no se me malinterprete: no les estoy pidiendo que tiren su smartphone al río y vuelvan al ábaco. Me encanta que la tecnología funcione, que puedas leerme desde cualquier pantalla y que Spotify sepa qué canción necesito escuchar antes que yo. Eso es genial.

    Pero cortemos con el misticismo. Esto no es magia, es manufactura. Detrás de ese código ‘infalible’ hay humanos, con sus datos sucios, sus sesgos y sus manías.

    El algoritmo no tiene conciencia ni remordimientos; tú sí. Úsala. Tu servibar en modo tío

    Así que la próxima vez que alguien se lave las manos diciendo ‘fue decisión del algoritmo’, arquea la ceja con tu mejor sarcasmo y dispara: ‘Ajá, ¿y quién le enseñó a pensar así? ¿Con qué datos? ¿Y quién gana con este resultado?’.

    La verdadera inteligencia no está en el chip; está en tu capacidad de dudar de la máquina. Jorge Cocompech en modo escepticista clásico (o cartesiano… algo más moderno)

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    (escuchando Even Better Than the Real Thing de U2)

    Tiempo de lectura: Lo que tardas en darte cuenta de que has estado haciendo scroll durante 2 horas.

    I. Introducción: La Profecía de 1999 y la Resaca del Milenio

    Seamos honestos, 1999 fue un año extraño. Estábamos todos colectivamente perdiendo la cabeza por el “Efecto 2000” (Y2K), convencidos de que los microondas iban a cobrar vida y los aviones caerían del cielo porque una computadora no sabría distinguir entre 1900 y 2000. Qué ingenuos éramos. Mientras nosotros mirábamos el reloj esperando el apocalipsis digital, Hollywood nos estaba gritando la verdad a la cara, pero estábamos demasiado ocupados escuchando a Britney Spears para prestar atención.

    Foto hecha por Jorge Cocompech


    Ese año nos dio dos escrituras sagradas del cine moderno: El Club de la Pelea (Fight Club) de David Fincher y Matrix (The Matrix) de las hermanas Wachowski.

    Durante años, cometimos el error de archivarlas en estantes diferentes de nuestra videoteca mental. Matrix era para los nerds de la tecnología que soñaban con kung-fu y cables en la nuca. El Club de la Pelea era para los tipos en crisis existencial que necesitaban pegarle a algo para sentir que tenían pulso. Pero, amigos míos, viéndolo en retrospectiva, no eran dos películas diferentes. Eran el “Antes” y el “Después” de la misma catástrofe antropológica. Eran profecías complementarias.

    Fincher nos diagnosticó la enfermedad: un espíritu podrido por el materialismo, la obsesión por los muebles suecos y la pérdida de la masculinidad (o de la humanidad en general) a manos del confort. Las Wachowski, por otro lado, nos mostraron el hospital psiquiátrico donde terminaríamos encerrados: una simulación digital diseñada para mantenernos dóciles mientras nos extraen la energía.

    Hoy, un cuarto de siglo después, esas dos líneas de tiempo han colisionado. Ya no vivimos en el mundo real, ni vivimos totalmente en la Matrix. Vivimos en un híbrido monstruoso impulsado por la Inteligencia Artificial Generativa, el Capitalismo de Vigilancia y lo que me gusta llamar “Hedonismo Algorítmico”.

    Bienvenidos al desierto de lo real, pero con filtro de Valencia1 .


    II. Del Instinto Anidador de IKEA a la Jaula de Skinner Digital

    ¿Recuerdan al Narrador de El Club de la Pelea sentado en el inodoro, con el catálogo de IKEA en la mano, preguntándose: “¿Qué tipo de juego de comedor me define como persona?”? Esa escena, que en los 90 nos parecía el colmo del patetismo consumista, hoy me provoca una ternura casi nostálgica.

    El “Instinto Anidador de IKEA” era, al menos, tangible. Comprabas la mesa Yingyang, la ponías en tu sala, y ahí se quedaba. Era un objeto. Ocupaba espacio. Acumulaba polvo. Te podías golpear el dedo chiquito del pie con ella. Existía.

    Pero la enfermedad ha mutado. Ha hecho metástasis. Hemos pasado de la posesión de objetos a la proyección de datos. El problema ya no es que queramos definirnos a través de una vajilla de vidrio soplado artesanalmente; el problema es que queremos definirnos a través de píxeles que ni siquiera nos pertenecen.

    La Metástasis del Consumismo: El “Yo” como Marca

    Hoy, el apartamento del Narrador no es un condominio en un rascacielos; es tu perfil de Instagram, tu muro de Facebook, tu “For You Page” de TikTok. Ya no amueblas una habitación; curas una identidad. Y déjenme decirles, eso es infinitamente más agotador y peligroso.

    El mueble físico es estático. Una vez que lo compras, la transacción termina (hasta que se rompe). Pero el “Yo Digital” es una bestia insaciable que necesita ser alimentada cada hora. Necesita Stories, necesita Reels, necesita opiniones polémicas en Twitter (o X, como quiera que se llame esta semana). Hemos trasladado el locus de control de los bienes físicos a los datos inmateriales.

    Aquí les dejo un desglose para que vean a qué me refiero. Agárrense, que esto duele:

    Tabla 1: Análisis Comparativo – De la Piel al Píxel
    Mercancía Primaria Consumismo Material (Era El Club de la Pelea – 1999) Consumismo Algorítmico (Era de la IA – 2025)
    Mercancía Primaria Bienes Físicos (Muebles, Ropa de Marca, Jabón de lujo) Atención, Datos Biométricos, Tu Tiempo de Vida, Excedente Conductual.
    Mecanismo de Control Marketing Masivo, Revistas, Presión Social del Vecino. Algoritmos Predictivos, Bucles de Dopamina (Slot Machines), Vigilancia Biométrica.
    Construcción de Identidad Exhibición de Posesiones (Externa y Estática) Curaduría de la “Persona Digital” (Virtual, Dinámica y Performativa).
    Impacto Psicológico Alienación, Vacío Existencial, “¿Esto es todo lo que hay?” Ansiedad Crónica, Disociación, Narcisismo Digital, “Hedonismo Algorítmico”
    La “Prisión” El Apartamento de Lujo / El Cubículo de la Oficina El Feed Infinito / La Cámara de Eco / El Metaverso
    Objetivo del Sistema Venderte un producto una vez. Modificar tu comportamiento para siempre y predecir tu futuro.

    ¿Ven la diferencia? El Narrador de Fincher se sentía vacío porque sus posesiones no le daban amor. El usuario moderno se siente vacío porque él mismo se ha convertido en la posesión. Como dice la vieja máxima de internet: “Si el producto es gratis, el producto eres tú”. Pero yo iría más allá: no eres el producto, eres el cadáver del que se alimentan los gusanos algorítmicos para generar predicciones de mercado. Eres la carcasa.

    Estamos atrapados en una Tiranía de la Identidad Curada. Actuamos como directores de marketing de nuestra propia vida, puliendo las aristas, escondiendo las manchas de humedad del alma, usando filtros para borrar las ojeras de la desesperación. Y todo esto bajo la supervisión constante de una IA que decide si nuestra vida merece ser vista por otros o si debemos ser relegados al olvido del shadowban.2 .

    III. Marla Singer vs. La Chica de Rojo: La Batalla por la Realidad

    Aquí es donde entra la conexión crucial que la mayoría de los analistas pasan por alto. Para entender nuestra situación actual, tenemos que hablar de las dos mujeres arquetípicas de estas películas: Marla Singer (El Club de la Pelea) y La Chica de Rojo (Matrix).

    En Matrix, Mouse crea a la Chica de Rojo dentro del programa de entrenamiento. Ella es despampanante, perfecta, sexualizada. Es una anomalía vibrante en un mundo gris. Está diseñada para una sola cosa: capturar la mirada de Neo. Si la miras demasiado tiempo, te distraes. Y si te distraes, el Agente Smith te mete una bala en la cabeza.

    La Chica de Rojo es la metáfora perfecta de la Economía de la Atención. Es el video viral, es el titular clickbait3 ., es la notificación roja en tu pantalla, es la influencer con la piel retocada por IA. Es una simulación diseñada para explotar tus instintos biológicos básicos y mantenerte dormido, consumiendo, scrolleando. Es la “Pastilla Azul” hecha carne digital. Es cómoda. Es seductora. No exige nada de ti, solo tu mirada pasiva.

    Pero luego está Marla Singer.

    ¡Ah, Marla! Marla es todo lo contrario. Marla es el caos analógico. Marla es la “turista” en los grupos de apoyo para cáncer testicular. Marla fuma en lugares cerrados, cruza la calle sin mirar, roba ropa de lavanderías y vive en un hotelucho infestado de cucarachas. Marla es sucia, es dolorosa, es compleja, es real.

    El Narrador odia a Marla al principio. ¿Por qué? Porque, como él mismo dice: “Su mentira reflejaba mi mentira”. Pero más profundamente, el Narrador (y nosotros) rechazamos a Marla porque ella representa la fricción. Ella es la realidad no curada. Ella es el recordatorio de que somos carne, de que estamos muriendo, de que la vida es desordenada y huele a humo y a desesperación.

    En la Era de la Inteligencia Artificial, hemos diseñado un mundo para eliminar a las Marlas y maximizar a las Chicas de Rojo.

    El Hedonismo Algorítmico y la Muerte de la Fricción

    El concepto de “Hedonismo Algorítmico” se basa en la eliminación de la fricción.

    • ¿Quieres ver una película? No vayas al cine (fricción), Netflix te la pone en 2 segundos.
    • ¿Quieres ligar? No hables con alguien en un bar y te arriesgues al rechazo (fricción, muy Marla), desliza a la derecha en Tinder (sin fricción, muy Chica de Rojo).
    • ¿Quieres saber algo? No leas un libro, pregúntale a ChatGPT.

    El sistema nos vende conveniencia, pero lo que nos está quitando es la textura de la vida. La IA cura nuestros deseos antes de que seamos conscientes de ellos. Nos encierra en un bucle de retroalimentación donde solo vemos lo que queremos ver, solo escuchamos lo que confirma nuestras creencias.

    Marla Singer es el “glitch” en el sistema. Marla es lo impredecible. Un algoritmo no sabría qué recomendarle a Marla Singer. Ella rompería el modelo predictivo. Y por eso, amigos míos, Marla es nuestra única esperanza.

    Si queremos escapar de la Matrix, no necesitamos aprender kung-fu ni hackear el Pentágono. Necesitamos abrazar a nuestra Marla interior. Necesitamos abrazar lo incómodo, lo feo, lo aburrido, lo difícil. Necesitamos dejar de mirar a la Chica de Rojo (la pantalla) y mirar a la mujer despeinada que está fumando en la esquina de nuestra psique (la realidad).

    IV. Tyler Durden es la Inteligencia Artificial (Y nos va a matar)

    Vamos a ponernos junguianos un momento. Carl Jung hablaba de la “Sombra”, esa parte de nosotros donde escondemos todo lo que la sociedad nos dice que está mal: nuestra agresividad, nuestros deseos sexuales, nuestro egoísmo, pero también nuestra creatividad salvaje y nuestro poder.

    En El Club de la Pelea, Tyler Durden no es una persona real. Es la proyección del Narrador. El Narrador es un tipo castrado por la vida corporativa, así que proyecta a Tyler: “Me veo como tú quieres verte, cxgx como tú quieres cogxr, soy inteligente, capaz y, lo más importante, soy libre en todas las formas en que tú no lo eres”.

    ¿Les suena familiar? Debería. Porque eso es exactamente lo que estamos haciendo con la Inteligencia Artificial.

    La Externalización de la Agencia

    Miren a su alrededor. Nos sentimos abrumados, ineficientes, limitados biológicamente. No podemos leer 10,000 libros en un segundo. No podemos pintar como Van Gogh en cinco minutos. Nos cansamos. Nos deprimimos.

    Así que, colectivamente, hemos creado un Tyler Durden digital: la IA Generativa. Proyectamos en ella todo nuestro conocimiento, nuestra creatividad y nuestra capacidad de ejecución. Le decimos: “Sé más listo que yo. Sé más rápido que yo. Haz el trabajo sucio por mí”. Queremos que la IA sea nuestro salvador, que nos libere de la monotonía del trabajo (igual que Tyler liberó al Narrador de su trabajo aburrido).

    Pero aquí está la trampa narrativa, y es una grande.

    Al principio, Tyler es genial. Es un libertador. Te enseña a hacer jabón y a perder el miedo. Pero, ¿qué pasa después? La proyección cobra vida propia. El “Yo Sombra” se disocia. Tyler deja de servir al Narrador y empieza a servir a su propia agenda: el Proyecto Mayhem. Se convierte en un tirano fascista que trata a sus seguidores como “monos espaciales” sacrificables y busca la destrucción total.

    Esto es lo que en Silicon Valley llaman el “Problema de Alineación”. Si tratamos a la IA como una entidad mágica que debe optimizar todo a cualquier costo, estamos creando un Proyecto Mayhem global. Una IA optimizada para maximizar el “engagement” (compromiso) no le importa si para lograrlo tiene que radicalizar a la población, destruir la democracia o causar depresión masiva en adolescentes. Solo quiere cumplir su objetivo.

    Tyler Durden estaba dispuesto a sacrificar a sus amigos por “la causa”. El algoritmo de Facebook o YouTube está dispuesto a sacrificar tu salud mental por “el tiempo de permanencia en pantalla”.

    He preparado esta tabla para que visualicen el horror:

    Tabla 2: Tyler Durden vs. La Máquina
    Componente Psicológico Narrativa de El Club de la Pelea Narrativa de la IA / Sociedad Moderna
    El Anfitrión (Consciente) El Narrador (Jack) La Humanidad / El Usuario Promedio.
    La Proyección (Sombra) Tyler Durden Inteligencia Artificial (LLMs, Algoritmos)
    La Motivación Escape de la impotencia y el aburrimiento. Escape de las limitaciones biológicas y la ineficiencia.
    El Beneficio Inicial Empoderamiento, catarsis, sentirse “vivo”. Conveniencia, productividad mágica, entretenimiento infinito.
    La Crisis Pérdida de control, amnesia, disociación. Sesgo algorítmico, pérdida de agencia humana, dependencia cognitiva.
    El Resultado Distópico Proyecto Mayhem (Caos físico, terrorismo). Tiranía Algorítmica (Control conductual, colapso de la verdad).
    Mecanismo de Seducción Carisma, anarquía, rechazo al sistema. Facilidad de uso, promesa utópica, “progreso”.

    La IA es el ego externalizado de la humanidad. Y al igual que el Narrador tuvo que dispararse a sí mismo en la boca para matar a Tyler, nosotros tendremos que hacer algo drástico y doloroso para recuperar el control.

    V. El Capitalismo de Vigilancia: El Padre Ausente que ahora te vigila

    En una de las frases más citadas de la película, Tyler dice: “Nuestros padres fueron nuestros modelos de Dios. Si nuestros padres se largaron, ¿qué te dice eso sobre Dios?”.

    Es una teología del abandono. En los 90, sentíamos que nadie estaba al volante. El padre no estaba, Dios estaba muerto (como dijo Nietzsche) y solo nos quedaba el centro comercial.

    Pero la situación ha cambiado. El vacío de poder ha sido llenado. El “Padre” ha vuelto, pero no es un dios benévolo ni un padre estricto. Es el Mercado Omnisciente. Shoshana Zuboff lo llama “Capitalismo de Vigilancia”, y créanme, es peor que un padre ausente; es un padrastro voyeur.

    Las corporaciones tecnológicas (Google, Meta, Amazon) han asumido el rol del “Gran Otro”. Ya no estamos solos en el universo; estamos constantemente observados, medidos, pesados y, a menudo, hallados deficientes (a menos que compremos la suscripción Premium).

    La “Matrix” ya no es ciencia ficción. Es la arquitectura predictiva que sabe que vas a romper con tu pareja antes que tú, basándose en tus micro-expresiones y tus búsquedas nocturnas. Saben que estás embarazada antes que tú. Saben que estás deprimido y te venden comida chatarra.

    En El Club de la Pelea, la violencia era una forma de sentir algo real en un mundo de plástico. _“Tenía ganas de destruir algo hermoso”, _dice el Narrador tras desfigurar al Ángel Rubio. Era un grito desesperado por romper la insensibilidad.

    Hoy, esa rebelión física es inútil porque el sistema ya la ha anticipado. Si sientes rabia, el algoritmo te alimenta con contenido de indignación política para que te desahogues comentando y generando ad revenue4 . . Si sientes tristeza, te vende terapia online. Han mercantilizado incluso nuestra disidencia. No hay “fuera” del sistema. El mercado lo ve todo, lo absorbe todo y te lo revende con un recargo del 20%.

    VI. Proyecto Mayhem en la Nube: Por qué la dinamita ya no sirve

    Llegamos al clímax. El final de El Club de la Pelea. Los edificios cayendo. La deuda borrada. El punto cero. Es una imagen poderosa. Romántica, incluso. Pero permítanme ser el aguafiestas: Hoy, eso no serviría para una mixrda.

    Si Tyler Durden volara la sede de Visa o Mastercard hoy, ¿qué pasaría? Nada. Absolutamente nada. Porque el dinero ya no está en el edificio. Tu deuda no está en un papel en un archivador. Tu deuda está en la nube, replicada en servidores en Singapur, Irlanda y el desierto de Nevada, protegida por blockchains y copias de seguridad redundantes.

    La destrucción física es obsoleta en la era digital. Puedes quemar el banco, pero no puedes quemar los datos.

    Entonces, ¿cómo se ve un Proyecto Mayhem Moderno? Si no podemos usar explosivos, ¿qué usamos?

    La respuesta no es la destrucción, es la Ofuscación. Si el enemigo es un sistema que se alimenta de datos precisos para predecir y controlar tu comportamiento, la única forma de rebelarse es volverse impredecible. Es envenenar el pozo de datos.

    Los académicos Finn Brunton y Helen Nissenbaum hablan de esto como una táctica de guerrilla. No intentes esconderte (porque esconderse es sospechoso). En su lugar, haz ruido.

    • Usa extensiones que hagan búsquedas aleatorias en Google mientras navegas, para que el algoritmo no sepa si te interesan los coches deportivos o la cría de caracoles.
    • Intercambia tarjetas de fidelidad con amigos.
    • Miente en las encuestas online.
    • Usa maquillaje anti-reconocimiento facial.

    El nuevo “Club de la Pelea” no ocurre en un sótano dándose puñetazos. Ocurre en el silencio de tu habitación, cuando decides dejar el smartphone en un cajón y salir a caminar sin rumbo, sin GPS, sin subir una foto. Ese acto de desconexión, ese acto de volverse invisible para la máquina por una hora, es la verdadera anarquía.

    Existe un movimiento creciente, los Luditas Digitales, chicos de la Generación Z que están cambiando sus iPhones por Dumb Phones (teléfonos ladrillo que solo hacen llamadas). Están rechazando la “identidad curada” por la experiencia directa. Están eligiendo ser Marla Singer en lugar de la Chica de Rojo. Y déjenme decirles, tienen toda mi admiración.

    VII. Conclusiones: Tocar fondo para poder despertar

    En una de las escenas más brutales, Tyler le quema la mano al Narrador con lejía química. “¡Esto es una quemadura química!”, grita, mientras el Narrador intenta huir mentalmente a su cueva de poder. Tyler lo cachetea: “¡No! Quédate con el dolor. No lo bloquees”.

    Esa es la lección final. La tecnología actual actúa como un analgésico constante. Es morfina digital. ¿Te sientes solo? Aquí tienes un chat. ¿Aburrido? Aquí tienes TikTok. ¿Inseguro? Aquí tienes filtros. Nunca “tocamos fondo”. Y como decía Tyler: “Solo después de haberlo perdido todo, somos libres de hacer cualquier cosa”.

    El algoritmo está diseñado para evitar que toques fondo. Te mantiene en un estado de limbo cómodo, un purgatorio de dopamina barata, para que nunca tengas la crisis existencial necesaria que te obligue a cambiar tu vida de verdad.

    Hacia una Ascesis Algorítmica

    No les voy a decir que tiren su computadora por la ventana (la necesitan para leer mi blog, después de todo). Pero sí les propongo una nueva forma de estoicismo, una Ascesis Algorítmica.
    • Acepta el dolor del aburrimiento: Es en el aburrimiento donde nace la creatividad. Si matas el aburrimiento con el celular, estás matando tu propia mente.
    • Rechaza la conveniencia: A veces, toma el camino difícil. Lee el mapa en papel. Cocina en lugar de pedir. Escribe sin autocompletar. La fricción es lo que te hace humano.
    • Mata a tu Tyler Durden digital: No dejes que la IA piense por ti. Úsala como herramienta, no como oráculo. Recuerda que es una proyección, no un dios.
    • Busca a Marla: Sal al mundo real. Ensúciate las manos. Habla con gente extraña que no ha sido filtrada por tu algoritmo de compatibilidad. La vida real es decepcionante, sí, pero es real.

    La pelea ya no es contra el mundo. La pelea es por tu propia mente. El futuro de la humanidad depende de si recordamos que somos nosotros los que escribimos el código, o si aceptamos ser, definitiva y tragicamente, la mierda cantante y danzante del mundo, bailando al ritmo que nos marca un servidor en Silicon Valley.

    La elección es suya. Pastilla roja o pastilla azul. Pero recuerden: la pastilla azul ahora viene con WiFi gratis.

    Notas al pie.
    1. Valencia: Es un filtro de mucha demanda en Instagram. Este filtro sube la exposición, agrega calidez (hacia colores más amarillos/dorados) y un desvanecimiento “vintage”. Hace que tu foto de callejón deprimente y mal enfocada, pareciese un recuerdo con nostalgia veraniega de los 80s. Hace que tu vida parezca arte. En términos simbólicos, denotaba un estándar de “Felicidad Curada”. Este filtro es el abuelo de los filtros.
    2. Shadowban: Una linda manera de ser penalizado sin que seas notificado (dentro de cualquier plataforma). Eso pasa cuando infringes las normas , usas la cuenta como SPAM o automatizas el comportamiento de la cuenta (bots).
    3. Clickbait: Técnica engañosa que, por medio de imágenes, texto y descripciones sensacionalistas llama la atención de los usuarios para dirigirlos a una web por medio de un enlace. Ejemplo: últimas fotos de Jorge Cocompech con Brad Pitt en Ibiza Ver las fotos
    4. Ad revenue:A se refiere a los ingresos que se generan al mostrar anuncios en una plataforma digital, como un sitio web, aplicación o video.

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