(escuchando )
Introducción: La Fauna de la Inconformidad
Estamos viviendo un momento histórico donde la “creatividad” ha pasado de ser un don divino o un esfuerzo de décadas a ser una línea de comando en un chat. Esto ha generado un cortocircuito en la psique colectiva. Por un lado, tenemos la democratización radical de la producción; por otro, el berrinche de una élite que ve cómo su muro de contención —la exclusividad de la técnica— se desmorona.
Hablamos de los “veganos de París” como una metonimia. No es un ataque a su dieta, sino a su ontología de aparador: gente que consume “lo natural” y “lo artesanal” como un fetiche de clase, mientras su existencia entera está mediada por la tecnología que juran despreciar. Son los mismos que se horrorizan ante un prompt pero compran pan de masa madre producido por una máquina que simula el error humano para que parezca “auténtico”. Hipocresía pura.
La inconformidad actual no es estética, es política. Lo que les duele a los puristas no es la “falta de alma” de la Inteligencia Artificial (IA), sino la pérdida del monopolio sobre el hacer. Durante siglos, el artista fue un guardián de la técnica; hoy, la técnica se ha vuelto líquida y accesible. El “tío” que desprecia la electrónica por ser “solo picarle a la compu” y el académico que desprecia la IA por ser “solo azar” comparten la misma enfermedad: el miedo a que el ser humano sea prescindible. Pero se equivocan. El ser humano nunca es más necesario que cuando la herramienta es perfecta, porque es entonces cuando la única diferencia es la intención.
I. La Ontología de la Techné: El Puente entre la Nada y el Ser
Para entender por qué la IA no es el fin del arte, sino su nueva frontera, debemos regresar a los griegos. No por pedantería, sino por supervivencia intelectual.
1.1.Episteme vs. Techné: El fantasma en la máquina
En la Grecia clásica, la división que hoy nos quita el sueño —esa que separa al “artista iluminado” del “técnico picateclas”— simplemente no existía. Para un griego, tanto el que tallaba el mármol del Partenón como el que construía un barco de guerra compartían la techné. Sin embargo, para que esa técnica no fuera un simple acto mecánico de repetición, debía estar fecundada por la episteme.
- La Techné (El Saber Hacer): Es un conocimiento pragmático orientado a la poíesis (la creación). Es la habilidad de transmutar el caos en orden. La techné es el “cómo”. En el contexto actual, la IA es la techné definitiva: un repositorio de todos los procedimientos posibles acumulados por la humanidad. Es el pincel que se pinta solo, el cincel que conoce todas las vetas del mármol. Pero, ojo, la techné por sí misma es ciega; es un proceso de optimización sin destino.
- Episteme(El Saber Por Qué): Es el conocimiento intelectual, la comprensión de los principios universales y la verdad. Mientras la techné se ocupa del resultado, la episteme se ocupa del sentido. Es la que nos dice que no estamos pintando una "silla", sino que estamos explorando la idea de la espera, del descanso o de la jerarquía.
El arte “es arte” porque es una techné que decide, deliberadamente, no agotarse en la utilidad. Aquí es donde los “veganos de París” se pierden: ellos creen que el valor está en el esfuerzo físico de tallar la madera (técnica manual), cuando el valor real reside en la episteme que decidió qué tallar y por qué eso es relevante para el espíritu humano.
Una silla te sirve para sentarte; eso es técnica útil, funcionalismo puro. Una escultura de una silla (o una imagen generada por IA de una silla hecha de luz y sombras imposibles) te sirve para cuestionar el acto de habitar el espacio. La IA es pura techné en su estado más criogénico: es el procedimiento destilado, el algoritmo que conoce todas las reglas de la estética pero no tiene una sola razón para aplicarlas.
Sin la episteme del autor —ese “saber por qué” que nace de tu historia, tus traumas y tu filosofía—, la IA es solo ruido algorítmico. El artista no es el que domina el software (eso es ser un operador), el artista es quien inyecta episteme en la techné digital para obligar a la máquina a desvelar una verdad que no estaba en sus datos de entrenamiento.
1.2. El Proceso de Desocultamiento (Heidegger) y la Trampa del Encuadre
Para Martin Heidegger, la técnica no es una herramienta neutral; es una forma de ver el mundo. En su obra La pregunta por la técnica, nos advierte que la esencia de la técnica no tiene nada de “técnico”, sino que es un modo de verdad. La técnica “desoculta” o revela lo que está latente en la naturaleza.- El Desocultamiento Poético: Antiguamente, el artesano participaba en un acto de co-creación con la materia. El escultor no “imponía” su voluntad a la piedra, sino que ayudaba a la figura a “salir” del mármol. Había un respeto por la physis (la naturaleza). Era un proceso lento, una danza entre el humano y el material.
- El Encuadre (Gestell): Este es el núcleo del problema moderno. La técnica contemporánea ya no desoculta poéticamente, sino que "encuadra". Para el Gestell, el mundo no es algo sagrado, sino un "fondo de reserva" (Bestand). Un bosque ya no es un ecosistema, es una reserva de madera; un río no es un cauce de agua, es una fuente de energía hidroeléctrica; y hoy, tu creatividad no es un don, es un conjunto de datos para entrenar modelos.
El berrinche de los “veganos de París” nace de que ellos también están atrapados en el Gestell. Al fetichizar “lo hecho a mano”, están convirtiendo la artesanía en otro producto de reserva, en una etiqueta de estatus. No buscan el desocultamiento poético, buscan la exclusividad del mercado. Cocompech en modo odioso
La IA es el Gestell llevado a su máxima expresión: todo el arte humano de los últimos 4,000 años ha sido convertido en “fondo de reserva” para alimentar una red neuronal. Pero aquí es donde entra la Insurrección de la Techné:
El artista soberano es aquel que, consciente de que está dentro de la Matrix (el Encuadre), utiliza la IA no para generar “más de lo mismo” (eficiencia), sino para provocar un quiebre en el sistema. Si usas la IA para producir imágenes rápidas y baratas, eres un funcionario del Gestell. Pero si usas la IA para forzar a la máquina a mostrar algo que el algoritmo intentaba ocultar —una falla, una belleza no convencional, una verdad incómoda—, estás regresando al desocultamiento poético. Estás usando la técnica para romper el encuadre.
Techné y el Despertar (Heidegger + The Matrix)
Esto es The Matrix (1999) en estado puro. La Matrix es el extremo del Gestell: los seres humanos ya no son personas, son simples pilas para alimentar el sistema.- La referencia: El mundo que conocemos es una simulación técnica perfecta que oculta la verdad.
- El punto pop: El arte es la pastilla roja. Es el momento en que Neo empieza a ver el código (la técnica) no como una prisión, sino como un lenguaje que puede manipular para saltar edificios. El artista de hoy es el que mira el algoritmo de la IA y, en lugar de obedecerlo, lo hackea para que revele una verdad que el programador original no previó.
II. El Snobismo de París: La Estética como Barrera de Clase
El snobismo actual no es una defensa del arte; es una forma de resistencia reaccionaria. Es el intento desesperado de las élites por mantener el “aura” de la obra —esa autenticidad ligada al aquí y ahora de la que hablaba Walter Benjamin— a través del precio y la exclusividad. El snob odia la IA porque la IA es, en esencia, la liberación de la técnica. Si la belleza se puede democratizar y producir a gran escala, el snob pierde su pedestal de “curador de lo imposible”.
2.1. El fetiche de la “mano humana”: La economía del sufrimiento
El snob desprecia la IA con una frase de cajón: “Es que no tiene alma”. Pero, hagamos una autopsia a esa afirmación: ¿Qué es el “alma” para un snob de galería? Generalmente, es el rastro de un sufrimiento, un sacrificio o un tiempo de vida ajeno que él puede comprar para colgarlo en su sala.
Valorar una obra solo porque “tomó seis meses pintarla” no es una valoración estética, es una valoración económica disfrazada de sensibilidad. Es el fetichismo de la mercancía de Marx llevado al lienzo: adoran el sudor del artista no por el trazo en sí, sino porque ese trazo confirma su estatus de compradores de mano de obra de lujo. Para ellos, el arte es un certificado de escasez artificial. Si la IA puede generar una imagen visualmente superior en diez segundos, el snob se queda sin el fetiche del “tiempo muerto” del artista, y eso es lo que realmente le aterra.
2.2. Spinoza y la Potencia de Actuar: La alegría contra el odio social
Spinoza define la alegría como el paso de una menor perfección a una mayor. Aquí es donde se divide el campo de batalla:
- El Artista (Activo): Usa la técnica (techné) para expandir su Conatus (su potencia de ser). Su creación es una explosión de energía que busca afectar a otros cuerpos y mentes. No importa si usa un pincel de pelo de marta o una tarjeta gráfica NVIDIA; la herramienta es una prótesis de su voluntad. Si la IA aumenta su capacidad de afectar al mundo, su potencia crece. El artista celebra la herramienta porque celebra la expansión de lo posible.
- El Snob (Reactivo:): Su potencia es puramente reactiva. No se define por lo que crea, sino por lo que excluye. Solo se siente "superior" en la medida en que puede señalar a otros y decir: "Esto no es arte". Su "buen gusto" no es una búsqueda de la belleza, es una herramienta de odio social y distinción de clase. Para el snob, la IA es el enemigo porque rompe las barreras de entrada a su club privado.
El Snobismo y la Estética del Vacío (Spinoza + The Menu)
Si quieres ver a los “veganos de París” llevados al extremo del absurdo, tienes que ver The Menu (2022).
La “carnita” del asunto: Esa cheeseburger es Spinoza en un plato: es algo que aumenta tu potencia de alegría real, sin filtros intelectuales, frente a la “experiencia gastronómica” vacía que solo busca la foto para Instagram. El arte con IA debe aspirar a ser esa cheeseburger: directo, potente, honesto y capaz de alimentar al espíritu, no al ego de la élite. La IA es nuestra oportunidad de dejar de cocinar para los “Tylers” del mundo y empezar a crear para los que realmente tienen hambre de belleza.
III. Marx y la IA: ¿Liberación o Alienación?
No podemos hablar de técnica sin hablar de quién es el dueño de los cables. El debate sobre la IA suele perderse en discusiones morales baratas sobre si la máquina “piensa”, cuando la pregunta real es: ¿Quién se queda con la plusvalía de ese pensamiento?
3.1. El Trabajo Muerto contra el Trabajo Vivo: La vampirización del talento
Karl Marx explicaba que el capital es “trabajo muerto” que, como un vampiro, solo vive chupando trabajo vivo. En el contexto de la IA, esta metáfora se vuelve literal.
- El Trabajo Muerto:: Son los billones de horas de dibujos, textos, códigos y fotografías que la humanidad ha producido durante siglos. Todo eso ha sido digerido, etiquetado y convertido en un modelo algorítmico. La IA es la cristalización del esfuerzo humano pasado.
- La Alienación: El peligro no es que la máquina sea "inteligente", sino que el artista ya no se reconozca en su obra. Si las empresas usan la IA para reemplazar al creador utilizando los propios datos que ese creador generó, estamos ante la forma de explotación definitiva: el artista está siendo destruido por el fantasma de su propio trabajo anterior.
Lo “filoso” del asunto: La liberación técnica ocurre cuando el artista soberano utiliza ese “trabajo muerto” (la IA) como un catalizador para potenciar su Trabajo Vivo. Si la IA te quita la tarea mecánica para que tú te enfoques en la visión estratégica y la intención poética, hay una emancipación del tiempo. Pero si dejas que la IA dicte el resultado final solo por velocidad, te has alienado: te has convertido en un funcionario del algoritmo, en un apéndice de la máquina.
| Actor | Visión de la Técnica | Relación con el Valor |
|---|---|---|
| Artista Soberano. | Prótesis de la voluntad. | El valor reside en la ruptura del cliché y la soberanía estética. |
| Mercado / Capital | Herramienta de optimización. | El valor reside en la velocidad de rotación y la reducción de costos. |
| Snob de París | Barrera de exclusión. | El valor reside en la escasez artificial y el fetiche del “esfuerzo”. |
Marx, la IA y el Robo del Alma (Blade Runner + Metrópolis)
Marx hablaba de la alienación y de cómo el trabajador no se reconoce en su obra.
- La referencia: Los Replicantes son la personificación del trabajo muerto. Son seres creados mediante ingeniería técnica perfecta, pero son propiedad de una corporación (Tyrell Corp). Sus recuerdos no les pertenecen; son implantes, “fotos” de una vida que nunca vivieron. Son el esclavo perfecto porque su propia identidad es una mercancía técnica.
- El punto pop: El poema de Roy Batty, "Tears in Rain", es el momento culminante de la insurrección marxista y existencial. En sus últimos segundos, Batty decide que sus recuerdos —aunque implantados o vividos bajo diseño— le pertenecen a él y a nadie más. Al salvar a Deckard y elegir cómo morir, el "producto" se convierte en Sujeto.
La IA es nuestra memoria implantada. El sistema nos da herramientas que contienen la historia de todo el arte humano. La pregunta es: ¿Vas a dejar que la corporación sea la dueña de lo que generas con esos “recuerdos”, o vas a hacer como Batty y reclamar esa técnica para un acto de soberanía poética que nadie pueda comprar?
IV. Deleuze y la Máquina de Guerra Creativa
Gilles Deleuze nos invita a dejar de pensar en “sujetos” (el artista como genio aislado) y empezar a pensar en ensamblajes. El artista moderno no es el que sostiene el pincel con la mano temblorosa de inspiración divina; el artista es el punto de conexión de una red de fuerzas: software, datos, historia del arte, hardware y deseo.
4.1. Desterritorialización
La IA rompe las fronteras de lo que significa “tener talento”. Esto aterroriza a las instituciones —los “aparatos de captura”— porque ya no pueden controlar quién tiene permiso de ser artista. La IA le quita la tierra al arte para lanzarlo al espacio de lo puramente conceptual. Ya no importa si tu mano tiembla; importa si tu mente es capaz de navegar el caos de lo posible.
4.2. El Rizoma vs. El Árbol: Crear sin jerarquías
El pensamiento snob y académico es arborescente: tiene una raíz (la tradición), un tronco (la academia), ramas (las escuelas permitidas) y hojas (las obras). Todo tiene un orden, un origen y una jerarquía. Si no vienes de la raíz correcta, no eres “arte”.
La creación con IA es, por definición, rizomática. Un rizoma es como el pasto o el micelio de los hongos: no tiene centro, no tiene principio ni fin. Cualquier punto se conecta con cualquier otro. La IA mezcla el barroco con el cyberpunk, a Da Vinci con el glitch art, y lo hace sin pedir permiso a la historia. El arte “es arte” cuando se convierte en un mapa de intensidades, en una conexión inesperada que genera un cortocircuito en el cerebro del espectador.
El Rizoma y la Máquina de Guerra (Everything Everywhere All At Once)
Para entender este desmadre de conexiones infinitas, no hay mejor manual que Everything Everywhere All At Once (2022).
- La referencia: La película es un rizoma cinematográfico absoluto. No hay una sola línea de tiempo ni una sola identidad. Evelyn es una lavandera, una estrella de cine, una experta en artes marciales y una piedra. Todo sucede al mismo tiempo en un multiverso donde los dedos de salchicha tienen tanto sentido como una ópera.
- El punto pop: Evelyn aprende a usar la técnica de "saltar" entre universos (verse-jumping) para combatir el nihilismo de Jobu Tupaki. El arte rizomático con IA es ese salto: es usar la técnica para conectar con todas las versiones posibles de una idea.
La “carnita” creativa: Jobu Tupaki representa el peligro de la IA: el “Todo en todas partes al mismo tiempo” que nos puede llevar a pensar que nada importa porque todo es accesible. Pero la Máquina de Guerra de Evelyn nos enseña que el artista es quien, ante el infinito del algoritmo (el “Todo”), elige un punto de conexión por puro amor, por pura intención. El arte no es el infinito del multiverso; el arte es el gesto soberano de elegir un universo y darle sentido.
V. Byung-Chul Han y el Cansancio de la Transparencia
Para cerrar, debemos confrontar el vacío. Han advierte que hemos eliminado la “otredad” en favor de la hipervisibilidad.
5.1. El Infierno de lo Igual: El algoritmo como anestesia
La IA, alimentada por datos masivos, tiende a la curva de Bell. Tiende a lo promedio, a lo “estéticamente aceptable”, a lo que genera clics. Si nos descuidamos, la técnica nos llevará al “infierno de lo igual”, donde todo el arte se ve como un filtro de Instagram: perfecto, brillante y completamente muerto.
El arte real requiere negatividad. El arte debe doler, debe molestar, debe tener un “secreto”. Si la IA te da exactamente lo que esperas, no te está dando arte, te está dando un sedante.
5.2. El Aroma del Tiempo
Han dice que hemos perdido la capacidad de contemplación. La IA es instantánea; el arte es demora. Un prompt se genera en segundos, pero la maduración de una idea puede tomar años. El snobismo de París es igual de rápido: es un consumo de “experiencias” que se olvidan al día siguiente. La resistencia consiste en usar la IA no para ir más rápido, sino para llegar más profundo.
Byung-Chul Han y la Vigilancia Estética (Black Mirror)
- La referencia: El episodio “Nosedive” muestra a una sociedad donde cada interacción es calificada. Es la transparencia total: si no eres “agradable” para el algoritmo social, eres un paria.
- El punto pop: La técnica aquí no se usa para crear, sino para vigilar. El snobismo de París se convierte en una puntuación de 1 a 5 estrellas. El arte muere porque todos tienen miedo de ser "incorrectos" o "feos" ante el ojo del algoritmo. Nuestra misión es usar la IA para ser monstruosos, para inyectar negatividad y misterio en un mundo que nos quiere transparentes y predecibles.
VI. Análisis Profundo: ¿Qué hace al Arte “Arte”?
Después de este recorrido filosófico, podemos concluir que el arte no reside en el soporte, ni en la cantidad de horas invertidas, sino en la falla.- El Factor Incertidumbre: Un algoritmo busca el éxito. Un artista busca el riesgo. El arte aparece cuando la técnica falla o cuando se usa para algo que no fue diseñada. El arte es el error productivo.
- La Intencionalidad Ética: No es "qué" hizo la máquina, sino "por qué" el humano decidió que ese resultado era el correcto. La curaduría, el descarte y la edición son el nuevo pincel.
- La Resistencia al Capital: El arte es aquello que no puede ser totalmente absorbido por el mercado. Si tu obra con IA solo sirve para generar clics, es publicidad. Si tu obra con IA incomoda al snob y cuestiona al sistema, es arte.
Conclusión: El Despertar de la Techné Soberana
El “tío” que piensa que la electrónica es solo picar botones y el “vegano de París” que llora por la pérdida de la artesanía mientras usa tecnología de punta son dos caras de la misma moneda: el miedo al devenir. Ambos temen un mundo donde la herramienta ya no sea un látigo para castigar al cuerpo, sino un espejo para reflejar la mente.
La IA no va a matar al arte, como la fotografía no mató a la pintura. Lo que va a matar es la pereza intelectual y el elitismo basado en la dificultad técnica. La técnica hoy nos obliga a ser mejores filósofos, mejores visionarios y menos “maquileros” del pincel o la pluma.
El “Bajo la Manga”: El Poema de Bukowski
Para rematar, hay que citar a Charles Bukowski en su poema Air and Light and Time and Space:
“¿Sabes?, he tenido una familia, un trabajo, algo siempre estaba en medio, pero ahora he vendido mi casa, he encontrado este lugar, un estudio grande, tendrías que ver el espacio y la luz…” Y Bukowski responde: “No, cariño, si vas a crear, vas a crear aunque trabajes 16 horas al día en una mina, vas a crear aunque tengas tres hijos, vas a crear aunque te falte media cara y media mente… el aire y la luz y el tiempo y el espacio no tienen nada que ver con eso.”
La conclusión pop: La técnica (IA, pincel, cámara) es el “aire y la luz”. Son importantes, sí, pero si no tienes ese fuego interno que Bukowski describe, solo estás decorando el vacío. El arte es lo que haces a pesar de tenerlo todo en contra, no lo que haces porque tienes la herramienta más cara. Es usar la techné para recordarle al mundo que, aunque estemos rodeados de máquinas y snobs, todavía hay algo en nosotros que no puede ser programado: el deseo de desbordar lo real.







